Frases de apariencia

Por lo general, la mayoría de las personas presumen del nivel honestidad con el que se manejan en la vida  y ante los otros, argumentando que tratan de ser todo el tiempo como realmente son, sin máscaras ni apariencias. Ergo, en el mundo occidental actual el ser genuino o diáfano es un valor positivo de la personalidad, viendo por el contrario el misterio o lo oculto como cosas negativas.


Mundo-escenario / Humano-actor

Sin embargo, esta misma visión no parece recorrer el imaginario colectivo, en donde siempre han existido voces, tanto desde la Psicología como desde el Arte, que señalan cómo en el individuo existe un ser, que solo él conoce, y en ocasiones ni siquiera él, y otra personalidad o máscara, que es la que se le muestra al mundo, construida en base a los valores o patrones, que la persona sabe que lo ayudarán a encajar en ese universo al cual quiere o debe permanecer: la apariencia que se da ante los otros.

En este sentido, son varios los ejemplos. Por un lado, tenemos la obra de William Shakespeare, Como gustéis, escrita en 1599, y en donde se puede leer textualmente una de los versos que más han sido utilizados para ilustrar cómo el hombre opta por asumir una personalidad ante los otros. En su caso, Shakespeare compara esta situación con la actuación, viendo entonces al humano como un actor que desempeña un papel, siendo la vida su escenario:

El mundo es un escenario,
y todos los hombres y mujeres son meros actores,
tienen sus salidas y sus entradas;
y un hombre puede representar muchos papeles.

Otro autor que puede servir de ejemplo sobre esta visión del mundo como una puesta en escena, en donde el hombre es un mero actor, que representa un personaje, o varios incluso, según las apariencias que va tomando a medida que su vida le va presentando las oportunidades o necesidad, es el autor barroco Calderón de la Barca, quien en su obra El teatro del mundo (1630) exponía en uno de sus versos:

¡venid, mortales, venid
a adornaros cada uno
para que representéis
en el Teatro del mundo!

No obstante, esta visión literaria del humano como una representación teatral en un escenario no sólo puede considerarse como una imagen que atraviesa parte del Renacimiento y el Barroco, sino que también puede encontrarse en el Modernismo, un ejemplo de esto lo constituye el poema Reír Llorando (1891) del poeta mexicano Juan de Dios Pesa, el cual reza en uno de sus textos lo siguiente:

El carnaval del mundo engaña tanto,
que las vidas son breves mascaradas;
aquí aprendemos a reír con llanto
y también a llorar con carcajadas.

Empero, no se debe entender esta máscara o personaje teatral que el humano asume –según la Literatura- para insertarse en el mundo como algo ajeno totalmente a su propia esencia. De hecho, existen autores que opinan que la persona es una máscara, una representación en sí misma, con quizás más de una cara, pero sin que debajo de ella pueda descubrirse otra faz. Un ejemplo de esta visión la constituye de forma importante el pensamiento del poeta portugués Fernando Pessoa, quien en su poema Tabaquería (1928) muestra en un contundente verso lo siguiente:

Cuando quise quitarme la máscara,
la tenía pegado a la cara.

Ejemplos de frases sobre la apariencia

Pero estos versos no son los únicos ejemplos que pueden citarse sobre la noción de un hombre dicotómico, que por un lado tiene una “verdad” que sólo él –o muy pocos conocen- y una personalidad que es la con la que se enfrenta al mundo. De esta manera, sobre la Apariencia, se pueden encontrar varias frases, tanto en la Literatura como en la sabiduría popular, en donde las opiniones van desde justificar la existencia de esta máscara-apariencia, hasta condenarla y abogar por la real esencia. Algunos de los muchos ejemplos que existen serían los siguientes:

Nicolás Maquiavelo (1469-1527)

Pocos ven lo que somos, pero todos ven lo que aparentamos.

Tal vez una de las voces más reconocidas en cuanto al concepto de la Apariencia, y su diferencia con respecto a “lo que en realidad somos” es Nicolás Maquiavelo, quien en su obra El príncipe (1513) usa frases de este tipo para ilustrar al gobernante en cómo debe manejarse ante el pueblo, para mantener el poder, mostrando una cara específica, que hiciera creer a sus súbditos que tenían el mejor gobernante, aun cuando su verdadera personalidad o esencia fuese otra.

Friedrich Schiller (1759-1805)

En lo que parecemos, todos tenemos un juez; en lo que somos, nadie nos juzga.

Quizás la razón por la que la apariencia sea importante para avanzar en ciertos escenarios, esté en esta frase del poeta y filósofo alemán Friedrich Schiller, quien demuestra cómo es la apariencia la que todos ven. Así mismo, este escritor alemán deja entrever otro importante aspecto que podría tener el ser consciente de la apariencia y de la realidad, y es la libertad que otorga la segunda, pues siendo desconocida para todos, permitiría al individuo ser como realmente es, sin que deba cambiar su esencia a la par de las opiniones ajenas.

Rainer María Rilke (1875-1926)

Hay mucha gente en el mundo, pero todavía hay más rostros, pues cada uno tiene varios.

Por otro lado, este poeta austríaco del siglo XX coloca el acento en otro aspecto de la apariencia: el que aunque todos los individuos tienen una sola esencia, en realidad pueden asumir distintas caras. Por ende, por cada persona se pueden encontrar muchas caras, lo que haría que siempre existiesen en el mundo más caras que seres, puesto que como afirmaban los poetas barrocos, el mundo sería una pasarela por donde desfilan los hombres interpretando distintos papeles.

J.J.R. Tolkien (1892-1973)

No todo lo que es oro reluce, ni toda la gente errante anda perdida.

Además de advertir y resaltar la existencia de una apariencia y de una verdad dentro de cada ser humano, algunos escritores han querido también alzar la voz sobre la importancia de no dejarse engañar por las apariencias, es decir, aprovechar el conocimiento de la dualidad perenne que existe entre lo que es y lo que se ve, para no juzgar algo tan solo por su apariencia.

De esta forma, el escritor británico J.J.R. Tolkien advierte que siempre ha de estarse atento en que no siempre la apariencia describe la entidad, y que esto no es necesariamente en sentido negativo, puesto que también hay ocasiones en donde lo bueno no lo parece tanto, siendo la intuición y la atención los elementos necesarios para discernir la diferencia.

Pedro Calderón de la Barca (1600 – 1681)

Fingimos lo que somos; seamos lo que fingimos.

Pese a que la sabiduría ha asumido como un hecho inevitable la dualidad humana entre apariencia y verdad, no quiere decir que sus mismos señaladores no adviertan la necesidad de que ambas no sean esquizoidemente contrarias, puesto que en verdad apariencia y realidad no deberían contraponerse, es decir, el individuo no debería ser el polo opuesto de lo que muestra al mundo.

Al respecto, se puede poner como ejemplo esta frase de Calderón de la Barca, quien instaba a asumir que el hombre siempre finge ante sus semejantes una personalidad, la cual por su puesto casi siempre tiende a ser la mejor, para ser aceptado. Más allá de que esto sea una apariencia, todo individuo debería entonces tratar de parecerse a aquello que muestra al mundo, para así continuar su camino a hacerse mejor persona.

Albert Schweitzer (1875-1965)

Con veinte años todos tienen el rostro que Dios les ha dado; con cuarenta el rostro que les ha dado la vida y con sesenta el que se merecen.

Igualmente, uno de los tópicos que también se han abordado por algunos autores en torno a la apariencia es que esta no sólo se forma a través de la voluntad del individuo sobre lo que quiere mostrar al mundo, sino que ésta también se convierte en una superficie blanda en donde la vida va imprimiendo los relieves y valles, correspondientes a la manera de actuar y manejarse en la vida.

Por ende, parafraseando la sentencia de este escritor y filósofo alemán del siglo XX, por mucho esfuerzo que haga un individuo, su apariencia se irá forjando según se haya comportado en la vida, terminando esta con la apariencia que se ha ganado, de acuerdo a lo que ha hecho en su andar.

François de La Rochefoucauld (1613 – 1680)

Estamos tan acostumbrados a disfrazarnos para los demás, que al final nos disfrazamos para nosotros mismos.

Si bien la mayoría de los pensadores occidentales de todas las épocas han señalado la importancia de entender la dualidad inherente al humano, quien tiene una apariencia y una verdad, mientras que otros indican la necesidad de parecerse a esa imagen que se aparenta, existen otros más, como este escritor francés del siglo XVII, quien señalaba la situación que puede darse debido a tanto aparentar, pues –según su óptica- llega un momento en que el individuo conoce más su apariencia que su realidad, lo cual sin duda puede devenir en una situación de desorientación o desconocimiento de la propia personalidad, por lo que se debe ser consciente de los límites entre cada una de las partes que conforman el individuo: lo que es y lo que parece ser.

Imagen: pixabay.com

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