Simón el bobito

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Dentro de los cuentos infantiles latinoamericanos, se conoce con el nombre de Simón, el bobito, a una historia infantil, escrita por el célebre narrador José Rafael Pombo, la cual se compone de varios versos en donde se narran las desventuras de un chico distraído, quien sufre sus errores sin que nadie venga a su ayuda.

Sobre el autor

No obstante, antes de entrar a describir más precisamente el contenido de este cuento (o fábula), resulta pertinente recordar la identidad de su autor, conocido como uno de los cuentistas infantiles más importantes de Colombia y Latinoamérica, nombrado incluso, por sus compatriotas, Gloria de la Letras Nacionales: Rafael Pombo.

De esta manera, se puede aludir a que Rafael Pombo (Bogotá, Colombia, 7 de noviembre de 1833 – ibídem, 5 de mayo de 1912) fue un prolífico e inquieto hombre de Letras, quien incursionó en varios géneros literarios como el cuento, la fábula, el ensayo, además de destacarse también como un  traductor excepcional de los grandes clásicos, libretista de ópera, intelectual, periodista y diplomático. Así mismo, llegó a recibir varios reconocimientos por su importante aporte a las Letras colombianas, entre las que se encuentra la coronación como Poeta Nacional de Colombia, el ingreso como miembro de la Academia Colombiana de la Lengua y la nominación póstuma como Gloria de las Letras Nacionales, decretada en la Ley 88 del 16 de noviembre de 1912.  Falleció en su ciudad natal, el 5 de mayo de 1912, dejando un importante legado literario a los lectores y escritores de su país y el continente.

Simón, el bobito

Igualmente, antes de emprender el resumen y análisis literario de este cuento de Rafael Pombo, titulado Simón, el bobito, quizás sea necesario citarlo literalmente, a fin de que el lector pueda beber su contenido directamente de la fuente, teniendo así la oportunidad de conocer este texto de tan importante escritor colombiano. A continuación, la transcripción textual de Simón, el bobito, de Rafael Pombo:

 Simón el Bobito llamó al pastelero:
“¡A ver los pasteles! ¡Los quiero probar!”
Sí, repuso el otro, pero antes yo quiero
ver ese cuartillo con que has de pagar.

Buscó en los bolsillos, el buen Simoncito
y dijo: ¡De veras! No tengo ni unito.

A Simón Bobito le gusta el pescado
y quiere volverse también pescador,
y pasa las horas sentado, sentado,
pescando en el balde de mamá Leonor.

Hizo Simoncito un pastel de nieve
y a asar en las brasas hambriento lo echó,
pero el pastelito se deshizo en breve,
y apagó las brasas y nada comió.

Simón vio unos cardos cargando ciruelas
y dijo: ¡Qué bueno! las voy a coger.
Pero peor que agujas y puntas de espuelas
le hicieron brincar y silbar y morder.

Se lavó con negro de embolar zapatos
porque su mamita no le dio jabón,
y cuando cazaban ratones los gatos
espantaba al gato gritando: ¡ratón!

Ordeñando un día la vaca pintada
le apretó la cola en vez del pezón;
y ¡aquí la vaca! le dio tal patada
que comió un trompito bailó con Simón.

Y cayó montado sobre la ternera
y doña ternera se enojó también,
y ahí va otro brinco y otra pateadera
u dos revolcadas en un santiamén.

Se montó en un burro que halló en el mercado
y a cazar venados alegre partió,
voló por las calles sin ver un venado,
rodó por las piedras y el asno se huyó.

A comprar un lomo lo envió taita Lucio,
y él lo trajo a casa con gran precaución
colgado del rabo de un caballo rucio
para que llegase limpio y sabrosón.

Empezando a apenas a cuajarse el hielo
Simón el Bobito se fue a patinar,
cuando de repente se le rompe el suelo
y grita :¡Me ahogo! ¡Vénganme a sacar!

Trepándose a un árbol a robarse un nido,
la pobre casita de un mirlo cantor…
desgájase el árbol, Simón da un chillido,
y cayó en un pozo de pésimo olor.

Ve un pato, le apunta, descarga el trabuco;
y volviéndose a casa le dijo al papá:
Taita, yo no puedo matar pajaruco
porque cuando tiro se espanta y se va.

Viendo una salsera llena de mostaza,
se tomó un buen trago creyéndola miel,
y estuvo rabiando y echando babaza
con tamaña lengua y ojos de clavel.

Vio un montón de tierra que estorbaba el paso,
y unos preguntaban: ¿Qué haremos aquí?
¡Bobos! dijo el niño resolviendo el caso;
que abran un grande hoyo y la echen allí.

Lo enviaron por agua, y él fue volandito
llevando el cedazo para echarla en él:
Así que la traiga el buen Simoncito
seguirá su historia pintoresca y fiel.

Análisis del cuento

De esta manera, se puede ver en los versos de Rafael Pombo cómo se configura la historia de Simón, un niño al que por sus acciones, las cuales no se adaptan a la lógica y el sentido común, lo tildan de bobito. Sin embargo, analizando la ristra de desgracias que caen sobre el pequeño, debido a su errado accionar, se puede notar también cómo este niño camina por el mundo, equivocándose o tomando decisiones incorrectas sin que ningún adulto o amigo parezca venir en su ayuda. En este sentido, vendría bien preguntarse si lejos de ser una composición con la cual divertir al lector por la retahíla de desventuras de Simón, el bobito, el autor no estará buscando a través de la narración y la hipérbole componer una fábula cuya moraleja vaya precisamente a denunciar la soledad de este infante, llamado Simón, quien aun cuando es descrito como hijo y habitante de una comunidad, atraviesa sus penurias solo, sin que nadie lo aconseje o dé directrices.

Por consiguiente, la moraleja implícita de esta narración puede ser entonces cuán necesario es para la infancia contar con el apoyo de los adultos a cargo, quienes –aun dejando al niño en libertad de experimentar y descubrir por sí solo- están también en la obligación de corregir a tiempo, apoyar lo necesario y enseñar a cómo resolver las cosas esenciales o prácticas de la vida, ya que probablemente Simón no sea ningún bobito, es decir, quizás no carezca de inteligencia, sino que sea un niño solo, tratando de resolver, desde sus propias herramienta y por sí solo los retos que plantea el mundo, sin que nadie le haya explicado o apoyado en algún momento.

Imagen:

 

Simón el bobito

Bibliografía ►

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