Suave es la noche (relatos de terror)

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Te abrazo. Me aferro a esa mirada de la cual se desprende un último aliento. Las palabras que se dicen, los besos que se dan y las miradas que se pierden aún rondan en mi mente. Son búhos noctámbulos en la noche del olvido. Sostengo mis únicos deseos de un reencuentro que no podrá ser, que es lejano porque lo cercano se ha perdido en los espirales de otro ocaso.

Y te sigo abrazando. Por alguna razón no te suelto. Una gotita cae desde mis ojos y se sostiene en mis mejillas. Se cae… se va a caer y se cayó: una lágrima, en donde se oculta el universo. Mi miras por unos instantes y al acariciar tus labios están fríos. Cierro mis ojos. Hay una neblina en el interior de mi alma que lo torna todo más lejano, más confuso e involuntario. Las lágrimas ahora se sincronizan en un llanto. Lento, que dice mucho sin ser más que un poco de silencio, melancolía y penas.

Nuestras manos se sueltan, y me dices todo lo que debe decirse en una despedida. Siento tu cuerpo aferrado al mío como luna en el mar. Nuestros labios se encuentran, se pierden en una muerte que es dulce si estamos juntos. Y cuando abro mis ojos, me miras como solías hacerlo en las mañanas, contándome una y otra vez el motivo de nuestras muertes, de qué manera aquella noche se llevó nuestras almas.

Enviado por: Valen Picatto

Suave es la noche (relatos de terror)

Bibliografía ►

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