Tejiendo relatos. Noches de pesadilla, por Alan Dalloul

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Noches de pesadilla

Estaba solo en el mundo

y nada había para hacer.

Me sentía un idiota inmundo,

y algo para divertirme quería tener.

De pronto ella llegó

y su perfume el aire inundó.

Tabla de contenido

Sus ojos centellaron

mientras que nuestras miradas se cruzaron.

Decidí hablarle

y la oportunidad no dejar que pasase.

No quería quedarme solo

así que me lancé a ella como un lobo.

La verdad entonces no conocía

y no sabía que jugaba con mi vida.

Pero el deseo pudo más

y al infierno empecé a entrar.

Hablamos mientras caminábamos;

reímos y gozamos.

El paisaje no era el mismo;

me di cuenta que estaba en un abismo.

Al borde de caer me encontraba,

pero ella seguir caminando deseaba.

Fue cuando reaccioné

y decidí que no merecía mi querer

Me gritó e insultó;

de desconfiado me acusó.

Yo solo me volteé,

esperando a mi casa volver.

De inmediato su voz un grito soltó,

era de tal magnitud que mi oído sangró.

Me regresé y la vi:

Era una gorgona vil.

Horrorizado estaba

así que corrí por alejarme mientras estaba parada.

No comprendía que salida no había,

y que mi destino terminaría en desdicha.

Al bosque entré

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y por vivir recé.

Escuchaba su marchar,

y comprendí que no me podría alejar.

Me detuve en seco

para esperar su regreso.

Todo estaba en omición

entretanto que pedía de esto la expiración.

De inmediato pude ver su figura,

y traté de ignorar la sensación de temor.

Ella es lo que más asusta;

lo más horrendo, lo que causa más pavor.

Sus garras afiladas y largas

estaban ensangrentadas.

Su cola escamosa brillaba

a la luz de la luna plateada.

Ojos de serpiente tenía

y colmillos de vampira.

La piel color cal espantaba;

parecía un fantasma.

La adrenalina mi cuerpo cubrió,

y correr no pude querer.

Salvación no tenía

para esa noche de pesadilla.

Mi cuello besó

y mi entrepierna tocó.

Mi espalda sudó

y luego me golpeó.

Traté de levantarme,

pero ya era tarde.

La ropa me sacó

y luego la cara me mordió.

Mis brazos rompió

y mi estómago despedazó.

Mis piernas fueron devoradas

para luego seguir mi alma.

Relato cedido al blog por Alan Dalloul

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