El Pensante

Ching Shih: la más grande pirata de la Historia

Imagen 1. Ching Shih: la más grande pirata de la Historia

Piratas

El mundo de los piratas es, casi por antonomasia, masculino. Prácticamente todas las figuras célebres que decidieron seguir el camino de la piratería y que hoy son recordadas (ya sea bien o mal) eran hombres. La razón es más que lógica: evidentemente la mayor parte de individuos que decidían seguir la dura vida del pirata eran hombres.

Pero esto no quiere decir que las mujeres no tuviesen lugar en los barcos con velas teñidas de rojo y negro. Ya hablamos en estas páginas de Jeanne de Clisson, la famosa Pirata de la Flota Negra en el Canal de la Mancha que asoló las costas de Francia y se convirtió en la piedra en el zapato del Rey Felipe II.

Jeanne de Clisson es famosa por la trágica historia de amor que la llevó a la piratería y, no nos digamos mentiras, por el hecho de ser mujer: es bastante novedad que la hija de un noble terminase en esos menesteres.  Pero el caso de Ching Shih es completamente diferente.

Pese a ser la piratería un mundo dominado por hombres su hazaña jamás debió haber pasado desapercibida: esta mujer – oriunda de China – no merece vivir en el olvido. Pues aquí la recordamos no por haberse dedicado a la piratería, no.

Sino por haberse convertido, con 2.000 naves y más de 80.000 hombres bajo su mando, en el pirata más temido y poderoso de la Historia.

Shi Xianggu                 

No se conoce con exactitud la fecha de nacimiento de Madam Ching (como vino a conocerse), pero se sabe que llegó al mundo en 1775 en la región de Guandong. Sus orígenes fueron humildes y logró sobrevivir durante varios años trabajando como prostituta en uno de los abundantes puertos del territorio… hasta el ataque pirata que asoló la región a finales de los 1700’s.

Su vida cambiaría aquel día. Maestra de la manipulación, educada en las artes de la sensualidad, la prostituta pronto mostró interés en uno de los más importantes líderes piratas: Cheng I. Hijo de una familia de prominentes piratas, el hombre podía rastrear sus ancestros a más de un siglo antes de este asalto y todos ellos, como él, se habían dedicado a la piratería.

Esta tradición no había pasado en vano. Mientras los piratas del Caribe y el Atlántico habían sido mayoritariamente aniquilados (en virtud de su incapacidad de actuar unidos) Cheng había sido capaz de crear una poderosa coalición de piratas cantoneses capaces de enfrentarse a las flotas imperiales e incluso de hacer tambalear el dominio británico de los mares del Pacífico… al menos en lo que respectaba a las regiones cercanas a China. Para 1804 había construido la llamada “Flota de la Bandera Roja”.

La particular pareja – ella, una de las cortesanas más célebres y deseadas del Mar de China, él, un pirata que llevaba su título con honor, como lo habría hecho un noble – oficializó su unión en 1801.

En 1807 Cheng I moriría ahogado tras caer “accidentalmente por la borda”. Pese a que con toda certeza se trató de un asesinato, jamás se pudo encontrar a los culpables y fue forzoso para Shi comenzar rápidamente a establecer alianzas para evitar la destrucción de la flota.

Imagen 2. Ching Shih: la más grande pirata de la Historia

Retrato de la Madame en el Siglo XIX

Pero la mujer era una avezada diplomática y pronto demostró sus dotes como comandante. Tras algunos meses ya había garantizado el apoyo de la mayor parte de los capitanes piratas y comenzaba a atraer cada vez más a sus filas. Aunque impresionante, la Flota de la Bandera Roja de Ching I comenzó a palidecer frente al inmenso ejército que la mujer había ido construyendo en torno a sí.

Y con su nueva vida decidió adoptar el nombre que llevaría el resto de sus días. Ching Shig. Madame Ching.

Madame Ching

Madame Ching sabía que necesitaba un soldado leal a su servicio: un hombre de lealtad suprema capaz de comandar sus ejércitos. Eligió a Cheung Po Tsai, un joven que había sido secuestrado por los piratas cuando tenía 15 años y adoptado personalmente por Cheng: para sellar su vínculo, lo convirtió en su amante y se casó con él. La decisión probaría ser correcta cuando Cheng Po le mostrara ser su más leal servidor.

Pero hacía falta mucho más que un lugarteniente. Madame Ching comenzó la ardua labor de crear un código pirata aceptado por los capitanes que le permitiera gobernar todas las regiones con mano de hierro. Acometió la tarea con paciencia y sabiduría y eventualmente construyó uno de los sistemas legales más fascinantes de la historia, pues se implantó en una región estrictamente dedicada a la piratería.

Dentro de las normas estaba, por ejemplo, la prohibición absoluta de violar a las mujeres prisioneras y de asolar las aldeas que apoyasen a los piratas, con la pena de muerte como castigo. El botín de guerra, además, debía ser revisado de manera pública y repartirse entre los miembros de la tripulación, dejando un 20% para el que lo capturó y usando el resto para comprar mejoras para los barcos o bien repartiéndolo. Además, las monedas debían usarse para apoyar a otros barcos que quizás no habían tenido tanta suerte.

Pero quizás las normas más interesantes fueran relativas a las mujeres… y a la autoridad de la Madame. La violación estaba expresamente prohibida (bajo pena de muerte) y si un pirata decidía convertir una de sus prisioneras en su pareja estaba obligado a serle fiel y compartir con ella sus ganancias. Por otra parte, quien diera una orden que contradijera las de Madame Ching sería, también, decapitado.

Imagen 3. Ching Shih: la más grande pirata de la Historia

La muerte de la Madame

La Madame gobernaría el Mar de China por poco tiempo. Conocedora de los peligros de quienes estaban en su posición, se esforzó por mantener su poder y en el proceso derrotó a los británicos y portugueses, así como a varias flotas que el Emperador envió contra ella. En 1810, siendo conscientes del poder de los piratas, los consejeros del Emperador ofrecieron un indulto.

Madame Ching aprovechó la oportunidad y se retiró con las ganancias que de otro modo le habría tomado varias vidas acumular. Pasó el resto de su existencia en medio de lujos, dirigiendo una casa de apuestas en Cantón: moriría en 1844 (a sus 69 años) de causas naturales.

Imágenes: 1 y 3: ancient-origins.net, 2: wikimedia.org