El malleus maleficarum, o martillo de las brujas

La brujería es un termino que implanto la iglesia católica para referirse a los rituales de las religiones paganas en donde sus practicantes se podían comunicar con las fuerzas de las naturaleza.

Siglos más tarde el cristianismo presento al brujo como un ser que mantenía estrecha relación con el diablo y así empieza la sangrienta persecución que aproximadamente en el año 1843 da inicio a la santa inquisición con la creación del “Malleus Maleficarum” o el martillo de los brujos una serie de textos que buscaba acabar con todos los practicantes de estos rituales que tenían a la naturaleza como única guía.

De acuerdo con las tradiciones,  el brujo era aquel que podía «obtener por medios mágicos satisfacciones espirituales y materiales»; era un excéntrico personaje que por lo general hacía el mal, pero también poseía el don de curar, era querido y apreciado por los campesinos que eran fieles seguidores de las pócimas que preparaban.

Empero, desde el siglo X, el catolicismo se ensañó contra todos aquellos que practicaban las enseñanzas precristianas. En pleno año 900, un monje llamado «Regimon de Prüm» denunció a la brujería. A finales del 1200, surgió el «Tratado del Oficio de la Inquisición», encargado de juzgar a los adoradores del demonio.

Un hecho importante sucedió en la ciudad de Tolosa, en el año 1535, cuando un grupo de 63 individuos, hombres y mujeres, fueron acusados por el delito de herejía y adoración a Satanás. Desde aquel entonces, se juzga por un solo delito que reúne todos los anteriores: brujería. La denominada como «Santa Inquisición» era en realidad un tribunal de índole religioso cuya misión era perseguir, buscar y eliminar a todos los sospechosos de ser brujos, mismos que terminaban en la hoguera, siendo inocentes o no.

 

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