El Pensante

El Piasa, el dragón pájaro de Illinois

Misterio, hechos insólitos - agosto 23, 2011

El dragón del Mississipi

Los monstruos que miraban fijamente al sacerdote jesuita, el Padre Marquette, un día en 1673, eran terribles más allá de la imaginación más salvaje o surrealista.

Por tanto, qué suerte la suya que se trataba meramente de petroglifos, minuciosamente grabados y pintados en la pared de un precipicios de unos 24 metros por encima del río Mississipi, por el que estaba viajando a su paso por Illinois.

De acuerdo con la guía india del Padre Marquette, estos petroglifos los había creado hacía siglos una tribu ancestral hacia tiempo olvidada, y representaban a un terrorífico dragón que una vez había habitado la región. Se le conocía con el nombre de piasa, que se puede traducir por “el pájaro devorador de seres humanos”.

Hacía tiempo, la tribu de Illini vivía en armonía con el piasa, que se contentaba con cazar presas como el ciervo y otros grandes mamíferos, y nunca molestaba a los indios de las llanuras que había bajo el alto precipicio, donde moraba en una inmensa cueva. No obstante, trágicamente, este pacífico equilibrio se destruyó cuando una tribu guerrera invadió el territorio de los Illini.

Durante la batalla que siguió, murieron muchos hombres de ambas tribus; y aunque acabaron venciendo, su éxito se vio empañado por un desarrollo inesperado y minuciosamente catastrófico. Aunque el piasa había observado la batalla de cerca, pero no había participado en ella, para un comedor de carne tan rapaz como él, la presencia de tantos cuerpos nuevos muertos era demasiado tentadora como para ser ignorada.

El piasa nunca antes había probado la carne humana, pero para su sorpresa y deleite, descubrió que esta nueva carne le gustaba muchísimo. Así que, desde ese día en adelante, el monstruoso dragón pájaro se convirtió en el enemigo mortal de los Illini, y solía descender para raptar a hombres, mujeres y niños, llevándoselos por el aire con sus grandes garras y metiéndolos en su nefasto escondrijo para devorarlos. Si la tribu qeuría sobrevivir, su némesis tendría que ser derrotada.

Se celebró una gran reunión, a la que asistieron todos los miembros de la tribu. Tras varias horas de intenso debate, sólo se había sugerido una estrategia que ofrecía alguna esperanza real de aniquilar al opresor de la tribu, y para la persona que fuera elegida como principal participante para llevarla a cabo sería excesivamente arriesgado.

La conferencia concluyó que la forma más segura de dar muerte al monstruo que se transportaba por el aire como era el caso del piasa era atraerlo al suelo, y que a continuación 20 de los guerreros más valientes de la tribu le tendieran una emboscada. Y la única forma de lograr atraer al piasa para descendiera del cielo era usar un cebo efectivo – otro guerrero, vivo pero desarmado.

Un valiente llamado Massatoga había propuesto esta atrevida estrategia tras apelar al Gran Espíritu su inspiración; y cuando se ofreció voluntario para actuar como cebo vivo del piasa, la tribu decidió implementar su plan la mañana siguiente. Así, al alba, fácilmente visible para el piasa desde su retiro montañoso, Massatoga paseó alerta por el río Mississipi, alzó sus brazos al cielo, y empezó a salmodiar con voz alta y clara, apelando al Gran Espíritu, pidiéndole ayuda para superar al perseguidor aéreo de la tribu. De repente, a medida que su fuerte voz continuo retumbando por las onduladas llanuras, los cielos se volvieron oscuros, aunque no había ni una sola nube a la vista. Era el piasa.

El dragón pájaro descendió rápidamente, e incluso el valiente Massatoga sintió temblar su corazón cuando apareció su horrorífico enemigo. Esta aparición tricolor, tan roja como la sangre, tan oscura como la noche, media al menos 9 metros de largo y 4 metros de alto, y lucía un poderoso par de alas con plumas, de una envergadura de unos 6 metros.

Tanto su cuerpo entero como sus cuatro patas estaban cubiertos de escamas, y cada uno de sus pies estaba armado con un grupo de zarpas negras con forma de cimitarra. Dando coletazos en el aire a medida que descendía arrasándolo todo, se veía una cola inmensamente larga, serpenteante, que terminaba en una aleta doble, y su cabeza estaba provista de un enorme par de astas ramificadas.

Lo que a Massatoga le resultaba más terrible incluso era el rostro del piasa – pues era el rostro de un hombre, aunque una grotesca parodia del mismo. Sus ojos carmesí brillaban con una infernal malicia, de su boca surgía un grito escalofriante, filas de dientes desgarrados de carne se alineaban en sus fauces, un vapor oscuro salía de sus amplios orificios nasales de mono.

Mientras que aún volaba, el piasa extendió sus garras para agarrar el cuerpo de Massatoga. Pero éste se apresuró en dirección a algunos árboles cercanos, perseguido por el monstruo, hasta que las ramas lo forzaron a tomar tierra y envolvieron sus alas detrás de su cuerpo impidiendo que se enredaran. De repente, los compañeros de Massatoga salieron de su escondite entre los árboles, rodearon velozmente al dragón pájaro asustado y lo bombardearon aljaba tras aljaba con flechas envenenadas.

Cegado y herido por la arremetida, el piasa no pudo protegerse mientras que los guerreros trepaban por su poderoso cuerpo y comenzaban a trocear su carne con sus afilados cuchillos y sus afiladas hachas de guerra. Pronto el temido monstruo dejó de serlo.

Tristemente, también es cierto lo de los espléndidos petroglifos descubiertos por el Padre Marquette. A mediados del siglo XIX, los trabajos de la cantera cercana deterioraron la pared del precipicio, haciendo añicos obras de arte únicas, que se destruyeron y cayeron en cascada al río. El piasa desapareció completamente.

Hoy en día se pueden observar en la zona reproducciones del petroglifo basadas en antiguos grabados y como en la mayoría de leyendas, también se pueden encontrar distintas versiones del mito. En la ciudad de Alton se puede visitar un parque creado en honor al Piasa y a su leyenda.

Posteado por Sinuhé

Fuentes:

Extracto de: Dragones, una historia ilustrada. Dr. Karl Shuker.

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