La inexistente noche de bodas de Catalina la Grande

Un matrimonio arreglado

La vida de una de las líderes más importantes de la historia: Catalina la Grande de Rusia, está llena de anécdotas e historias de admirar, una mujer que escaló en un imperio dominado por hombres y se ganó un lugar importante en la historia. Sin embargo, hoy vamos hablar de un suceso que marcó su matrimonio y en el proceso a la misma Catalina, quien fue consciente al juego del poder que la habían lanzado.

Como todo matrimonio real, el arreglo nupcial había sido concertado por ambas familias de los futuros, la todavía princesa Catalina (quien antes se llamaba Sophie) había aprendido todo lo que debía saber de la cultura a la que pronto se vería ligada por la boda. La habían preparado más que nunca para convertirse en la novia ideal y es bien sabido para muchos, que la joven se dedicó aprender sobre el idioma y las costumbres del país de su futuro esposo, Pedro III.

La boda se celebró el 21 de agosto de 1745, un centenar de carruajes formaron el cortejo nupcial y ocho caballos blancos tiraban del que llevaba a la emperatriz madre y los futuros esposo. La ceremonia fue extensa, a eso siguió un suntuoso banquete y un elegante baile. Ya llegada la noche, se esperaba la consumación del matrimonio, el momento decisivo en el que se esperaba se concibiera un heredero, además de darle validación al matrimonio.

Las horas pasaron, y la preciosa Catalina no podía creer el desplante que estaba recibiendo: “Con su camisón rosado, encargado en París, espera el choque, el atropello, el desgarramiento, la revelación. Su mirada no se aparta de la puerta por la cual debe entrar ese ser temible e inevitable: el marido. Pero pasa el tiempo y la puerta continúa cerrada. Al cabo de dos horas, se inquieta. ‘¿Habrá que levantarse?’, escribió en algún momento sobre su noche de bodas la Emperatriz.

Todas las noches fue el mismo suceso

Catalina contaría que el futuro emperador, pasaba más tiempo bebiendo y tomando que cumpliendo sus labores como esposo: “¿Sería una borrachera accidental? No; cada noche el futuro rey se acostaba oliendo a vino y sin hacer caso de su esposa””

Cada noche era lo mismo, llegaba ebrio y sólo se acostaba al lado de ella. En los únicos encuentros “intimos” que tuvo con ella, su único tema de conversación hablaba solo de estrategias militares, en una de las cartas escritas por Catalina se encontró lo siguiente: “A menudo me hastiaban mucho sus visitas de varias horas”, escribió la abandonada esposa, “e incluso me fatigaban, jamás se sentaba y había que acompañarlo en su paseo por la habitación… Marchaba de prisa y daba grande zancadas, y era muy dificultoso seguirlo y además entender sus explicaciones de los minuciosos detalles militares.”

A la borrachera hay que sumarle, que Pedro prefería pasar algunas de sus noches jugando con soldaditos, los cuales regaba por todo el lecho nupcial, Catalina redactó lo siguiente: “Con frecuencia me reía, pero era aún más frecuente que me sintiese fatigada e incluso molesta: todo el lecho terminaba cubierto y desbordaba muñecos y juguetes a veces bastante pesados.” 

La princesa llegó a un punto de hastío, que ya no le importó consolar en ninguna forma a su esposo, aparte que la corte no se la puso nada fácil, culpándola a ella de todo. Cuando se sabe que en realidad era su esposo, el que sufría de fimosis, lo que le generaba dificultad para mantener relaciones sexuales y por vergüenza o temor, se negaba a operarse y Pedro prefería culpar a Catalina, algo por lo que más tarde se arrepentiría, pero eso da para otra historia.

Fuentes:

  1. https://monarquias.com/2017/10/07/la-decepcion-de-catalina-la-grande/.
  2. https://es.wikipedia.org/wiki/Catalina_II_de_Rusia

Imágenes: 1. es.wikipedia.org 2. monarquias.com/

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Bibliografía ►

El pensante.com (enero 30, 2022). La inexistente noche de bodas de Catalina la Grande. Bogotá: E-Cultura Group. Recuperado de https://elpensante.com/la-inexistente-noche-de-bodas-de-catalina-la-grande/