El Pensante

El sexo en la vida religiosa de las monjas durante la edad media

Sociedad - agosto 18, 2011

ADVERTENCIA: Este artículo tiene un propósito meramente histórico, informativo y educativo. Sin embargo, aunque se considera un artículo apto para menores, se sugiere la compañía y orientación de un adulto.

No se puede negar que la vida religiosa de muchas monjas está desbordada de consumada abnegación, piedad y entrega hacia Dios, y de obras de caridad para con sus semejantes y que, por razón de su vocación, el sexo está excluido de ellas que observan una absoluta castidad. Sin embargo, no siempre es así y, como en todo, de vez en vez se pueden encontrar casos de excepción.

Las fuentes históricas

Al respecto, diferentes referencias sobre lo que podríamos llamar “secretos de convento” indican que el sexo ha estado unido a los conventos durante la historia. El escritor veneciano Pietro Aretino ya relataba en su libro “La vida secreta de las monjas” como se las gastaban estas allá por el siglo XV. Aretino describe a jóvenes novicias solitarias en justas ritualizadas con monjes y sacerdotes (“La primera arremetida se dirigió contra el trompetista [… animándose con los dedos, metió su lanza en el blanco de su amiga hasta la empuñadura […”) y consagradas a la pastinaca muranese, el “nabo de cristal”, un consolador de lo más novedoso, hecho de fino cristal veneciano y que se llenaba de agua caliente. Las monjas guardaban manuales eróticos escondidos en sus devocionarios y siempre ofrecían su caridad a los peregrinos.

Y aunque esto puede parecer exagerado en principio, posiblemente sólo lo sea en los detalles. Pero aunque la obra de Aretino no es ni mucho menos un documental sobre la vida en los conventos, sus raíces se hunden en la realidad. Mediante un estudio minucioso de cartas, diarios y documentos jurídicos de la época, los historiadores han determinado que los conventos de monjas venecianos eran los más liberados de Europa. En el siglo XV, al dispararse el coste de las dotes, muchas de las familias más nobles de la ciudad se veían obligadas a meter en conventos a sus hijas adolescentes, sin tener en cuenta sus deseos. Pocas de aquellas jóvenes desarrollaban una vocación espiritual. Se aceptaba abiertamente que los conventos de más renombre eran una “válvula de escape” para el excedente de mujeres solteras de alta cuna de Venecia, que podían seguir disfrutando de un grado de libertad sexual sin parangón en la época.

Los conventos como escapatoria

Los conventos de monjas se gestionaban como si fueran selectos hoteles de lujo. A las novicias se les entregaban duplicados de las llaves para que pudieran entrar y salir a su antojo de sus palaciegos aposentos, llenos de obras de arte y con vistas al Gran Canal.

Luciendo los vestidos más a la moda y escotados, agasajaban a sus visitantes con banquetes bien regados con vino y después invitaban a sus galanes a pasar la noche en sus habitaciones. Las más apasionadas se fugaban, es de suponer que con hombres a quienes no obsesionaban las dotes. Las abadesas de edad madura recorrían la ciudad en lujosos carruajes con sus perros mascotas y supervisaban las actividades de sus chicas con mirada maternal. Si una monja se quedaba embarazada, no tenía más que dar a luz en la intimidad del convento y hacer pasar al niño por un huérfano abandonado en la puerta.

Los escándalos sexuales de las monjas

Las autoridades eclesiásticas de Venecia y Roma hacían la vista gorda ante estas actividades, pero investigaron a regañadientes algunos de los casos más flagrantes y escandalosos. Documentos históricos apuntan a que solo treinta y tres conventos fueron procesados por “delitos sexuales contra Dios”, ya que las monjas eran esposas de Cristo desde el punto de vista teológico. En los detalles jurídicos aparece por ejemplo la hermana Filipa Barbarigo, que se había divertido con diez amantes distintos al mismo tiempo, incluido el novio de la abadesa.

Otra historia cuenta que una noche estallaron violentas escenas de celos en el convento más concurrido, Sant´Angelo di Contorta, cuando un hombre llamado Marco Bono sorprendió a su amante, Filipa Sanuto, en su aposento con otro hombre y salió en persecución del intruso hasta la calle, y más tarde persiguió con su espada a los novios desnudos de una docena de monjas.

La vista gorda de la Iglesia

Según parece, la iglesia puso especial empeño en perseguir a los amantes rudos o de humilde cuna, pero ante los nobles y adinerados hacían la vista gorda. La cosa es que hasta Venecia llegaban turistas de todos los rincones de Europa atraídos por las alegres monjas, que llegaron a estar al mismo nivel que las exóticas geishas japonesas. La cosa explotó en 1561, cuando se demostró que los conventos se habían convertido en prostíbulos de lujo. Se cerraron algunos de ellos, pero muchos otros continuaron con su piadosa labor durante muchas décadas. Como resume la escritora Elizabeth Abbot: “Las monjas mal dispuestas solo entendían el cálido cosquilleo de sus anhelantes carnes”.

Ya para otro día dejamos el tema de la curiosa arquitectura subterránea de algunos conventos de clausura, con esos túneles que por azares de la vida siempre comunicaban con las abadías de los monjes cercanos…

Fuentes:

2500 años de historia al desnudo, Tony Perrottet. (mr)

The secret life of nuns, Pietro Aretino. (Hesperus Press)