La NASA descubre un nuevo planeta potencialmente habitable: TRAPPIST-1

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Planetas habitables

Hemos hablado bastante en estas páginas del Proyecto Kepler y la incesante búsqueda que se lleva haciendo de planetas cuyas condiciones pudiesen hacerlos habitables. Como ya hemos señalado, pese a que podría (en teoría) existir vida en otros entornos, debido a que sólo conocemos la vida basada en carbono en un entorno de agua líquida es esto lo que buscamos en un planeta. Podría añadirse que un planeta con agua líquida podría ser, además, un segundo hogar.

Tras el lanzamiento del Proyecto Kepler se han descubierto bastantes planetas potencialmente habitables en el “vecindario” estelar de nuestro planeta. Un reciente descubrimiento reveló 3 planetas potencialmente habitables orbitando una estrella enana a casi 40 años luz de la Tierra.

TRAPPIST-1

Los astrónomos bautizaron el sistema como TRAPPIST-1… en honor a una cerveza belga. Al margen de la nomenclatura, se trata de un pequeño sistema centrado en una Estrella Enana con 7 planetas detectados. De estos, al menos 3 son rocosos y se encuentran en la llamada “zona habitable”, es decir, en el área que permite (por su temperatura) la existencia de agua líquida.

Por ahora no sabemos mucho más. Al ser una estrella enana, su radio gravitacional es mucho más pequeño y los planetas se encuentra a muy poca distancia, causando rotaciones muy rápidas (un año en uno de estos planetas equivale a menos de 13 días terrestres, para el sexto, y dos días para el primero) y posiblemente un efecto de mareas que hace que siempre muestren la misma cara a la estrella (tal y como ocurre con la Luna y la Tierra). Esto significaría que una mitad del planeta está eternamente helada y la otra recibe impacto permanente de la radiación, generando una “zona de ocaso” en el borde que sería el único lugar donde la vida puede existir.

40 años luz

Este es uno de los descubrimientos más interesantes porque se encuentra entre los planetas que más semejanzas han mostrado con nuestra Tierra. Sin embargo, la distancia sigue siendo un obstáculo insalvable.

Con las tecnologías actuales (es decir, aquellas capaces de llevar una persona a la Luna) se calcula que la humanidad tardaría la friolera de 1.5 millones de años en arribar a dicho sistema planetario. Incluso adoptando la velocidad de la más rápida de nuestras sondas (Juno, quien visitó Júpiter hace algunos años) nos tardaríamos 150.000 años.

Quizás la mejor opción es el proyecto Starshot (del que ya hablamos en este artículo). Aunque sólo permitiría el viaje de pequeñas sondas, con este concepto podrían lograrse un arribo al dicho planeta en “apenas” 200 años (más los 40 años que tardaría la luz en volver con información). Aunque es posible, esta generación no viviría para verlo.

La buena noticia es que podríamos no necesitar ir allí para saber qué está pasando. Se espera que con la terminación de un telescopio de 40 metros en Chile podamos tener información mucho más detallada sobre, por ejemplo, la composición atmosférica de los planetas. De ser así, podríamos saber si allí se esconde vida, y aunque nosotros no podamos verla, quizás nuestros sucesores si podrán.

Imágenes: 1: danielmarin.naukas.com, 2: space.com

La NASA descubre un nuevo planeta potencialmente habitable: TRAPPIST-1

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