El Pensante

La sangrienta conquista de las islas Chatham y la desaparición de los Moriori

Historia - agosto 10, 2017

Imagen 1. La sangrienta conquista de las islas Chatham y la desaparición de los Moriori

Maorí

Para quienes no los conocen, los Maoríes eran los habitantes originarios del Archipiélago de Nueva Zelanda. Hábiles marinos, guerreros entrenados, vivían en constante conflicto unos con otros a la llegada de los europeos, hacia finales del siglo XVIII.

Los Maoríes se resistieron con fuerza a la conquista europea, adoptando las mismas armas y técnicas de los invasores. Pese a ser en últimas derrotados, convirtiendo Nueva Zelanda en una colonia más del Imperio Británico, lograron defender muchas de sus tierras y tradiciones, y hoy por hoy representan más de un 10% de la población del país. Es un éxito rotundo si lo comparamos, por ejemplo, con lo que pasó con los aborígenes australianos.

Gran parte del éxito de estos personajes se debió a su espíritu combativo y su naturaleza guerrera. Pero lo mismo que los hizo dignos contendientes de los británicos los convirtió en crueles conquistadores de otros pueblos, más pacíficos, menos beligerantes.

Las Islas Chatham

Ubicadas a unos 650 kilómetros de Nueva Zelanda, las Islas Chatman también fueron colonizadas por los Maoríes hace varios siglos (posiblemente en torno al siglo XVI). Sin embargo, se trataba de un entorno pobre y mucho más pequeño que Nueva Zelanda, por lo que su desarrollo fue muy diferente. En lugar de una sociedad beligerante, la población de la isla se convirtió en una pacífica sociedad que utilizaba la tradición para manejar los recursos y dirimir los problemas. Se llamaban Moriori, y dado que la isla apenas tenía lugar para unos 2.000 habitantes, esta gestión no era difícil.

Sin embargo, sí hizo de los Moriori una población pacífica, poco preparada para las crueldades que les deparaba el destino.

Imagen 2. La sangrienta conquista de las islas Chatham y la desaparición de los Moriori

La invasión

En 1835 los Maoríes ya habían tenido bastante contacto con los europeos, habían aprendido a usar armas de fuego y navegar navíos a vapor. Tras enterarse de la existencia de las Islas, decidieron que era el lugar perfecto para conquistar. Así, 900 guerreros maoríes armados con mosquetes, hachas y lanzas, se lanzaron al mar. El primer barco, con 500 guerreros, arribó el 19 de noviembre de aquel año; el segundo, el 5 de diciembre.

Desde el mismo momento del contacto la suerte estuvo echada. Los Moriori, fieles a sus tradiciones de estoicismo y pacifismo, decidieron enfrentar a los maoríes con el principio de la resistencia pasiva (algo parecido a lo que hizo Gandhi en 1940). Pero los Maoríes no eran los británicos y el siglo XIX no era el siglo XX. Lo único que obtuvieron de esto fue una conquista más acelerada y una completa esclavización.

Para 1862 ya no había nacimientos morioris. Las mujeres, esclavizadas, sólo podían tener hijos con sus amos, por lo que su idioma y cultura rápidamente desaparecieron. Los hombres, cuando no fueron masacrados a golpes, eran tratados con crueldad y sevicia.

Este es uno de esos momentos en la Historia en que no hubo justicia divina. Los Moriori, con su pacífica forma de ser, su estoica filosofía, su orden interno, tenían todas las razones para recibir el apoyo de otros pueblos. Lamentablemente, nadie estaba allí para ayudarlos. Los Maoríes, guerreros sangrientos y orgullosos, con una sociedad basada en el conflicto, tenían todas las de ganar.

Imágenes: 1: kiwiclassics.co.nz, 2: thinglink.com