La vida en los asilos mentales en el siglo XIX y XX

Un lugar no muy agradable

A inicios del siglo XX, los asilos mentales fueron sitios atroces para las personas que presentaban alguna enfermedad mental, a esto hay que sumarle que el área de la psicología seguía siendo materia de investigación donde cualquier charlatán podía encerrar a una persona estable y abusar de ella. Las mujeres eran las principales víctimas de aquellos lugares, ya que los esposos o jefe de familia se podían deshacer de ellas con solo alegar que tenían locura.

Hasta la década de los 60´s, la mayoría de los pacientes que se encontraban en los asilos eran ingresados contra su voluntad, ya que las leyes del momento eran muy laxas y cualquiera podía encerrar a un pariente sin tener las suficientes pruebas; bastaba con mencionar una conducta que fuera poco habitual.

Uno de los casos más sonados ocurrió en 1860, cuando una mujer llamada Elizabeth Parckard fue encerrada por su marido Teófilo Packard en un asilo psiquiátrico durante tres años. Una mañana habitual, Elizabeth preparaba su baño cuando sintió la voz de su esposo hablando con otros hombres. En un instante fue arrastrada a un manicomio solo porque se rehusaba a seguir las creencias religiosas del marido, quien era un ministro calvinista, 14 años mayor que ella.

Elizabeth mostro gran fortaleza y logró su libertad, pero se encontraba a la merced de su marido, quien la terminó encerrando en su casa. La mujer logró escribir una misiva, la cual llegó a manos del Juez Charles Starr quien inició un juicio. Gracias varios testigos y a un abogado bien preparado la mujer recuperó su libertad lejos de su infernal esposo, quien tuvo la osadía de vender sus pertenencias y no permitirle ver a sus propios hijos.

Libre y con varios objetivos en mente, Elizabeth fue una de las primeras activistas a favor de los derechos de los enfermos mentales y las mujeres divorciadas, quienes debía luchar por la custodia de sus hijos.

 Una periodista infiltrada que descubrió un infierno

Elizabeth Jane Cochran, quien bajo el seudónimo de Nellie Bly, logró infiltrase en el asilo psiquiátrico de mujeres Blackwell’s Island por petición de su Director Joseph Pulitzer. Pasó un total de 10 días encerrada y gracias a ello pudo denunciar los abusos cometidos en la institución.

El reportaje que logró escribir Elizabeth, puso en evidencia el cruel trato que recibían los pacientes: jalones de cabello, aislamiento, privación de alimentos y humillaciones. La periodista recalcó que el trato que recibían era tal como el de los prisioneros guerra: Las mujeres eran encerradas y las puertas de sus habitaciones bloqueadas con candado, el solo hecho de pensar que un incendio comenzara en cualquier momento preocupaba a la mujer.

Un médico del lugar, le llegó a confesar a Elizabeth que en el recinto se llegaba albergar a 10 mujeres por habitación. Su trabajo causó tal revuelo que se impulsó una serie de reformas en mejora del trato a los enfermos mentales, que eran tratados como experimentos.

Al estar tan vulnerables y sin contar con nadie preocupado por ellos, los pacientes en los asilos mentales se exponían a vejámenes terribles. Se descubrió que en un hospital de Oregon, los médicos del lugar infectaron deliberadamente a un grupo de pacientes con malaria, quienes padecían sífilis, pues se tenía la creencia que la fiebre causada por la malaria curaba la sífilis.

La teoría era defendida por el Doctor Julius Wagner-Jaureggjulius, quien ganó el Premio Nobel de Medicina en 1927. Los resultados de su investigación fueron alentadores. Se observó que gran parte de los pacientes reducían los síntomas de sífilis presentados, pero se descubrió que el 15% de las personas tratadas morían como consecuencia del tratamiento.

Tratamientos comparados con las torturas del medievo

Desde ruedas que giraban rápidamente en la que se amarraban a los pacientes hasta fierros calientes, fueron tratamientos empleados con los internos para curarlos. En 1930 los electroshocks y las lobotomías se pusieron de moda: un corte en los lóbulos cerebrales se vendía como la cura para los trastornos mentales.

Egas Moniz, neurólogo y psiquiatra se hizo muy famoso por sus descubrimientos en torno a las funciones cerebrales. El hombre ganó el premio Nobel de medicina en 1949, cuando expuso el tratamiento de la lobotomía, el hombre decía que, retirando materia del lóbulo frontal, se mejoraría condiciones como la esquizofrenia.

Moniz se interesó al estudiar una investigación de dos fisiólogos de la Universidad de Yale, quienes habían realizado lo mismo en un chimpancé que era agresivo y luego de la trepanación su comportamiento cambió. La primera ‘paciente’ de Egas tenía 63 años y fue diagnosticada con esquizofrenia. Pasó por el procedimiento y su estado mejoró notablemente, lo que benefició la creencia en esta práctica.

Se presume que solo en Estados Unidos más de 5000 lobotomías se realizaron. Uno de los casos más populares fue la hermana del expresidente John F. Kennedy.

Un grupo que fue condenado a los asilos: los niños y adolescentes

Se descubrió que entre 1854 a 1900, en el hospital Worcester en el estado de Massachusetts, 200 chicos fueron tratados por supuestas tendencias violentas y comportamientos agresivos. Todo aquel que pudiera comprar una plaza en un asilo mental, podía abandonar hasta su propio hijo sin ningún tipo de consecuencia, además cualquier excusa era válida: incontrolables, asociales o jugadores obsesivos. Se descubrió, que gran parte de los jóvenes murieron abandonados en este tipo de sitios.

Hermosos exteriores ocultaban una prisión interna

Se creía que los pacientes mentales necesitaban descanso para poderse recuperar. Se hicieron hermosos edificios con grandes jardines, aunque internamente el hacinamiento estaba a la orden del día. A una pésima arquitectura se sumó que los pacientes eran confundidos con los médicos, pues algunos internos usaban batas blancas y acosaban a otros recluidos.

La cura de la locura se encuentra en la comida

Se han descubierto que algunos pacientes eran sometidos a dietas irracionales como la de comer grandes cantidades de huevos: un total de 17 diariamente o para los epilépticos, quienes no podían consumir carne en conserva o nada que contuviera repollo.

En otros casos había pacientes a quienes recibían solo un pedazo de pan, café y 5 ciruelas. En muy contadas instituciones se les permitía a los recluidos cosechar sus propios alimentos y hacer actividades de jardinería, ahorrándole dinero a las clínicas.

Turismo en los manicomios

Debido a sus hermosos diseños y arquitectura impresionante, acompañada de grandes jardines y lagos varias instituciones mentales se convirtieron en foco de turismo para más de un visitante. Aunque solo se podían ver por fuera, es sabido que más de una persona adinerada pagaba por internarse en los pasillos de la locura para ver a cada uno de los pacientes.

Cualquier excusa era válida para ser ingresado

En algunos registros médicos encontrados en los asilos mentales de instituciones de Nueva Orleans, se encontró anotaciones de algunos médicos donde escribían que varios pacientes fueron ingresados por las siguientes razones: atontamiento causado por la fiebre de la malaria, alcoholismo crónico, caída de caballo o nacido con idiotez crónica.

Los tratamientos proporcionados por la psiquiatría o psicología, difieren de lo ocurrido en el Medioevo, donde un ataque de epilepsia era considerado posesión demoniaca causado por brujería, acto grave castigado con la hoguera.

Con el paso del tiempo las supuestas posesiones pasaron a llamarse histeria, shock de guerra o psicosis. Los tratamientos no mejoraban y solo deshumanizaban más a los paciente que veían en la muerte la salida más fácil para evitar trepanaciones, electroshocks o regímenes alimentarios exhesivos.  

Fuentes:

  1. www.20minutos.com.mx
  2. https://listascuriosas.com/10-asilos-mentales-horribles/
  3. http://www.info-farmacia.com/actualidad/desarrollo-y-conciencia-social/los-asilos-para-enfermos-mentales

Imágenes: 1. www.timetoast.com 2. http://www.husmeandoporlared.com/ 3. listascuriosas.com

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Bibliografía ►

El pensante.com (mayo 26, 2022). La vida en los asilos mentales en el siglo XIX y XX. Bogotá: E-Cultura Group. Recuperado de https://elpensante.com/la-vida-en-los-asilos-mentales-en-el-siglo-xix-y-xx/