Historia de la Belladona. Parte II

Los médicos se debatían a favor o en contra de la planta

La situación de la belladona no mejoró mucho, pues había médicos que, a pesar de estar en contra de su uso, había otros que se aliaban con periódicos sensacionalistas como éste titulado Ojos Azules para la belleza, un médico explicaba que no es posible cambiar el color de los ojos, pero luego sugiere el uso de la belladona para oscurecerlos: “No existe un arte mediante el cual se pueda cambiar el color del iris, dijo el doctor Williams… el único cambio que puede efectuarse en la apariencia del ojo se logra con el uso de belladona. Las damas que tienen ojos claros, que desean oscurecer, échenles una solución de belladona, el color claro del iris es así desplazado por el negro profundo de la pupila y la apariencia del ojo cambia mucho.”

Y así como existían éste tipo de médicos que se lucraban vendiendo veneno, había otros galenos que advertían del peligro y por más que se esforzaban para lograr un cambio, no era posible, como el caso de una mujer mayor que decidió usar la sustancia para mejorar su vista y así evitar usar las gafas, en un artículo de 1896 la dama cuenta lo siguiente: “Estaba demasiado ocupada con compromisos sociales para eso, así que me puse un poco de belladona en los ojos todos los días y seguí adelante, no puedo entender que mis ojos están en tal condición como están ahora, porque he tenido ojos fuertes.”

En el mismo artículo, un médico aclara todos los peligros sobre el uso de la belladona: “Nadie debe ponerse belladona en los ojos a menos que lo prescriba un médico… muchos ojos se han arruinado por su uso, las mujeres de mediana edad son propensas a realizar esto, ellas son demasiado vanidosas para usar anteojos y luego sus ojos se ven embotados por el esfuerzo constante.”

Y concluye diciendo lo siguiente: “si los ojos no tienen brillo o la parte blanca aparece turbia, consulte a un médico acerca de su estado general y en nombre del sentido común, no inunde sus ojos con belladona para iluminarlos.”

Varios medios de prensa, buscaban promover mejores alternativas para el cuidado de los ojos, existían secciones dedicadas a aconsejar y a ofrecer mejores opciones, por ejemplo: “en un vaso de agua agregue un zumo de limón y tómelo todas las mañanas antes del desayuno, esto tendrá un efecto maravilloso en la tez y los ojos, y limpiará el hígado y dejará los ojos brillantes y chispeantes: esto es mejor y más seguro que la belladona.” (The Star and Newark advertiser)

Una publicidad bastante toxica

Gran parte de los productos dedicados al mundo de la belleza y al cuidado de los ojos, aclaraban que su mercancía no tenía la dañina belladona. A principios del siglo XX, en 1915, en Estados Unidos más específicamente en el estado de Colorado; se buscaba la aprobación de la llamada Ley de la Belleza Pura, aquel nuevo estatuto buscaba limpiar las mejillas y ojos pintados de las mujeres, quitarles sus bases y polvos y alejarlas del uso de la belladona. Aquella que incumpliera la ley sería penalizada con una multa de 25 dólares, los cuales actualmente serian 700 dólares.

También existía el conflicto por parte del mundo del arte, pues más de una dama se preguntaba si las hermosas actrices usaban belladona para sus ojos, algo que se buscaba desmentir: “Ellas no la usan… al menos los que afirman tener una cierta cantidad de materia gris, no usan belladona para hacer que los ojos brillen pues esto es tan seguro como jugar con una sierra circular. La mayoría de las actrices dan a sus ojos el efecto de brillo y amplitud dibujando cuidadosamente líneas de color azul oscuro o negro alrededor de los bordes de los párpados y poniendo una mancha roja en las esquinas junto a la nariz.” (Newark evening star and Newark advertiser, octubre 15, 1913)

La moda de la belladona dio paso a otras excentricidades

A pesar de las constantes opiniones del gremio de la salud, en la que se hablaba del daño de la belladona, aquella moda solo evoluciono a algo más extraño: el ojo extraño o impar, en la que se hacía la acotación de que se sufrirían daños graves, pero serías sexy y misteriosa, pues tus ojos serían más atrayentes, por lo menos uno de ellos y para completar deberías aplicar materia colorante para que cambien de tono tu pupila.

Es mejor verse bien a través de sus propios ojos

Eran muchas las publicaciones en las que se encontraba la opinión de la belleza de las mujeres y de sus necedades por querer usar belladona, estas son algunas de ellas:

“Querida si el agua fresca y mucho sueño, no iluminan tus ojos conténtate sabiendo que el tono apagado lo es, por excelencia incluso el jabón es un horror y dolor que resulta de una pizca de espuma es lo necesario para sentir temor.”

“Las mujeres necias hacen cosas necias. Sin embargo, ninguna tan tonta como cuando se agrandan las pupilas de los ojos con belladona.”

La belladona en el mundo de la medicina

A finales del siglo XIX, la belladona también fue empleada en productos de medicina alternativa como: la neuralgia y dolores crónicos como de espalda, para aliviar los dolores musculares; hoy en día se pueden ver productos que todavía contienen belladona como compresas y obviamente se recomienda solo usar sobre la piel. A principios del siglo XX, se recomendaba usar belladona como tratamiento para el malestar estomacal y los gases.

En la actualidad, en exámenes médicos realizados por oftalmólogos es común encontrar el uso de productos derivados de la belladona para dilatar la pupila y hacer una apropiada revisión, su uso ocasional es inofensivo, pero exagerando su aplicación ya conocemos las consecuencias.

Fuentes:

  1. http://www.katetattersall.com/early-victorian-era-make-up/
  2. https://www.rdalchemy.com/blogs/news/17946247-deadly-nightshade-atropa-belladonna
  3. https://drsoler.com/blog/que_es_la_pupila_y_la_belladona/

Imágenes: 1. https://drsoler.com/blog/que_es_la_pupila_y_la_belladona/ 2. plantas.facilisimo.com 3. https://www.vivodibenessere.it/belladonna-usi-e-controindicazioni/

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Bibliografía ►

El pensante.com (mayo 2, 2022). Historia de la Belladona. Parte II. Bogotá: E-Cultura Group. Recuperado de https://elpensante.com/historia-de-la-belladona-parte-ii/