Leyendas del norte: el Lobo de Honshu

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Japón

Pocas tierras hay más extrañas que la Isla del Sol Naciente. Japón no solo es hogar de una de las sociedades más peculiares en existir, sino que su aislamiento geográfico también la convirtió en el hogar de extrañas especies, como el único primate en vivir en zonas no tropicales (aparte del hombre, claro) o la salamandra más grande del mundo (de alrededor del tamaño de una persona pequeña).

En Japón también había lobos. Dos especies únicas, reconocidas por sus peculiares características y adoradas por los habitantes originarios de las islas. Hoy ya no existen (al menos, no que se sepa) pero han generado todo tipo de leyendas y relatos allí donde alguna vez fueron. Hoy echaremos un vistazo a estas historias.

El lobo de Honshu

Nativo de las  islas de Honshu, Shikoku y Kyushu, el llamado lobo de Honshu (Canis lupus hodophilaxk) es el lobo más pequeño conocido en la historia, con apenas unos 30 centímetros a la altura del hombro.

Aún en tiempos históricos eran animales comunes que rondaban lo largo y ancho de las campiñas niponas. Adorados y respetados, no infundían el terror de los lobos euroasiáticos o norteamericanos, sino una profunda reverencia producto del reconocimiento del valor de los pequeños animales (aunque hay que reconocer que su tamaño ayudaba a que no infundieran terror).

Considerados como dioses de las montañas y protectores de las forestas, los lobos eran reverenciados y protegidos por gran parte de los habitantes de las islas. Se decía que ayudaban a los viajeros, protegiéndolos en sus caminatas y asegurando su retorno a casa. También que ahuyentaban a jabalíes, ciervos y otras especies dañinas lejos de los cultivos. Y se consideraba que ayudaban a aquellos en necesidad, presentando a veces poderes de sanación.

En ocasiones, los lobos dejaban presas a medio consumir, las cuales podían ser aprovechadas por los campesinos. Como pago, ellos dejarían a su vez ofrendas que aprovecharan los lobos que pasaran por allí.

Se cree que el final de los lobos tuvo que ver con dos factores importantes. Primero, el aumento en la población japonesa limitó los espacios en los que el lobo podía reproducirse, forzando el conflicto y llevando a una lenta transformación en las creencias.

Rabia

Esto, sin embargo, no habría sido importante de no ser por una epidemia de rabia que llegó de China y Corea y pronto infectó a una gran cantidad de lobos. Así, estos animales pasaron de ser inofensivos compañeros a convertirse en verdaderos cazadores de hombres, organizando manadas de animales rabiosos que no solo atacaban a todo el mundo, sino que poseían una mordida mortal.

Llegó entonces el tiempo de las grandes cacerías de lobos. Hacia mediados del siglo XIX ya eran raros y en 1905 se documentó el último de ellos, muerto en la prefectura de Nara (y comprado por Malcom Anderson, un zoólogo que había ido a Japón en 1900 a comprar animales exóticos). Hay varias evidencias de muertes posteriores, pero oficialmente este fue el año que el Lobo de Honshu dejó de existir.

Existen abundantes evidencias de una población remanente (incluyendo más de una decena de supuestos avistamientos a lo largo del siglo XX). Sin embargo, es difícil afirmar nada con certeza, y por ahora solo sabemos que el legendario lobo de Honshu parece haber dejado de existir para siempre.

Una lástima.

Imágenes: 1: pinterest.com, 2: :cosmosmith.com

Leyendas del norte: el Lobo de Honshu

Bibliografía ►

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