Alonso de Salazar y Frías: el Buen Inquisidor

El Inquisidor

Alonso de Salazar y Frías un sacerdote e inquisidor español que a diferencia de otros personajes de los cuales hemos escrito y quienes se destacaron por la ambición de condenar a más de uno a la hoguera, se alzó como un ser racional que dio prioridad a la verdad y no a la avaricia.

El sacerdote se destacó por la revisión del caso de Zugarramurdi -un caso de brujería en España- y por el manuscrito que dejó, el cual se convirtió en la base para que la jurisprudencia inquisitorial española fuera escéptica sobre el mundo de la brujería y que se mostrara más prudentes cuando se diera el caso de alguna denuncia.

Su llegada a Logroño y su persecución por la verdad

Salazar y Frías llega a Logroño (ciudad ubicada en el norte de España) donde se encuentra con otros dos inquisidores: Alonso Becerra Holguín y Juan del Valle Alvarado quienes ya tenían abierto un gran proceso por brujería en Zugurramurdi y Urdax. El caso se abrió gracias a las acusaciones realizadas por María de Ximildegui, quien arrepentida por haberse iniciado en ‘artes oscuras’ lanzó varias inculpaciones contra varias personas entre las que se encontraban cuatro mujeres, seis hombres y dos niños.

Ximildegui le contó al juzgado que a la edad de 16 años conoció a una mujer llamada Catalina, ella fue la responsable y quien la encaminó en la brujería. Para ser parte de los aquelarres tuvo que renegar de Dios y de la Virgen María. También mencionó que gracias al diablo aprendió a volar en escoba y que se había unido a encuentros de brujería para untarse pócimas y sustancias.

La denuncia de aquella mujer inició una cadena en la que unos culpaban a otros, las coincidencias y testimonios terminaron por convencer a dos de los tres inquisidores de que el diablo andaba por allí. Como Alonso había llegado meses después de las acusaciones, votó en contra de las condenas. A esto hay que sumarle que, tras la celebración del auto de fe, un acto público organizado por la Inquisición en el que los condenados por el tribunal abjuraban de sus pecados y mostraban su arrepentimiento (lo que hacía posible su reconciliación con la iglesia) permitió que dieciocho supuestos brujos y brujas fueran reconciliados.

Tal situación hizo que Salazar dudara de la verdadera culpabilidad de los hechiceros y en los siguientes meses el monje fue testigo de una fiebre por la cacería de brujas, las vacilaciones del clérigo fueron secundadas por obispos de otras regiones de Pamplona, Venegas y Figueroa. El Consejo de la inquisición ordenó a Salazar que visitara las montañas de Navarra para recabar información de primera mano.

El arduo trabajo dio como fruto la verdad

Fueron ocho meses en lo que Alonso recabo cientos de testimonios que solo se volvías más inconsistentes y contradictorios: no encontró ninguna prueba solida de que los aquelarres hubieran existido, las supuestas pócimas o ungüentos resultaron ser falsos y recalcó que los testigos por sí solos no debían ser tomados como prueba suficiente.

Para 1613, resaltó la pobre instrucción ya que no se habían anotado los cambios que se dieron en las acusaciones y que los actos de brujería como volar por el aire no tenían pruebas de ser ciertos. Tras su larga revisión el propio Salazar y Frías se vio compungido porque él mismo había firmado condenas, una terrible injusticia:

“Cometimos culpa el tribunal… [al no reconocer] la ambigüedad y perplejidad de la materia. Cometimos [defectos] en la fidelidad y recto modo de proceder… en que no escribíamos enteramente en los procesos circunstancias graves… ni las promesas de libertad que les hacíamos, caseaciones entre sí… y otras sugerencias para que acabasen de confesar toda la culpa que queríamos,”

Finalmente, gracias al trabajo de Alonso se cambiaron los criterios y procesos para cuestionar a una persona acusada de brujería, entre ellas se incluyeron métodos para recabar testimonios fiables basados en hechos empíricos y no en meros testimonios de segunda mano. El desastroso Malleus Maleficarum, un tratado que había seguido el Santo oficio para cazar brujas fue desacreditado y se siguieron las recomendaciones de mantener éste tipo de casos en total confidencialidad.

A partir de 1614, gracias a las instrucciones dadas por Salazar se pusieron fin a los grandes procesos de brujería en España, en contadas ocasiones se saldaron las acusaciones con absoluciones o penas simbólicas, inclusive Alonso evitó que se quemara alguna bruja.

Su reconocimiento y legado

Autores posteriores destacan la figura de Salazar y Frías como un faro del racionalismo: el antropólogo español Carmelo Lisón Tolosana menciona lo siguiente:

«la argumentación de Salazar en sus escritos a la Suprema está caracterizada por lo que podríamos calificar como su positivismo, en el sentido de que prefiere el hecho concreto, substantivo frente a la ideación imaginativa; trata de averiguar el qué y el cómo en el aquí y el ahora, de tejas abajo, relegando otros argumentos en esencia teológicos a un segundo plano.”

Fuentes:

  1. https://es.wikipedia.org/wiki/Mar%C3%ADa_de_Ximildegui
  2. https://es.wikipedia.org/wiki/Auto_de_fe
  3. https://es.wikipedia.org/wiki/Alonso_de_Salazar_y_Fr%C3%ADaszendalibros.com/alonso-de-salazar-y-frias-el-buen-inquisidor-burgales-que-acabo-con-la-caza-de-brujas-en-espana/

Imágenes: 1: wikipedia.org, 2: diariodeburgos.es, 3: elmundo.es

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Alonso de Salazar y Frías: el Buen Inquisidor

Bibliografía ►



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