El Pensante

El Crimen de María BickFord

Imagen 1. El Crimen de María BickFord

EL día del crimen

El 27 de octubre de octubre de 1845, el dueño del burdel donde vivía María, se despertó asustado debido al fuerte olor del humo.

La habitación se encontraba llena de humo que provenía de tres puntos diferentes: la cama, el armario y un baúl de ropa. María se encontraba en la cama con medio cuerpo adentro y medio cuerpo afuera de esta, su cuello había sido cortado de oreja a oreja y la profundidad de la herida era de 7,5 centímetros, estaba casi decapitada, le arrancaron uno de sus pendientes con tal brutalidad, que rajaron su oreja. A los pies de la cama se encontraron una cuchilla, un bastón y un chaleco de hombre ensangrentados.

Pruebas e investigación

Muchas personas identificaron a Tirell como uno de los habituales clientes de Bickford y como la última persona que había estado con ella esa noche; los testigos alegaban que habían visto a Albert quedarse con ella y que en la madrugada lo vieron salir hacia los establos, a eso se le sumó que alguien escuchó a una mujer gritar, pero nadie podía confirmar con certeza que Tirell era el culpable.

La policía lo buscó como su primer sospechoso, pero el hombre andaba desaparecido: Albert se había dado a la fuga. Con ayuda de unos familiares trató de salir en barco hacia Liverpool, mas no pudo llegar por el mal clima. Finalmente, fue capturado en las costas México y extraditado para su juicio.

Imagen 2. El Crimen de María BickFord

Una leyenda de la justicia lo defiende: Rufus Choate

Choate, un famoso abogado de Boston, es contratado por Tirell para defenderlo durante los juicios. El abogado destacó por sus peculiares intervenciones para obtener la inocencia de su cliente, el litigante alegaba lo siguiente: el asesinato, ‘si fue cometido’, fue realizado bajo la locura del sueño; el abogado decía que Tirrell sufría de sonambulismo (un diagnostico bastante inusual, debido a los pocos estudios de la época), un estado que lo llevaba a comportarse violentamente cuando se encontraba en un estado de letargo.

¿Cómo podrían acusar a un hombre que no era consciente de sus actos? Lo más probable es que la relación de los implicados continuaría, sino hubiera sucedido tal accidente, concluyó Choate.

El jurado deliberó durante dos horas y Tirrell fue hallado como no culpable, absuelto y más adelante intentó que se reembolsaran la mitad de los honorarios legales de Choate argumentando que su inocencia había sido obvia.

Fuentes:

  1. https://en.wikipedia.org/wiki/Albert_Tirrell

Imágenes: 1: alamy.es, 2: smithsonianmag.com, 3: historycollection.com

Imagen 3. El Crimen de María BickFord

La víctima: María BickFord

María era descrita como una persona tranquila, dulce, de apariencia delicada y siendo aún más joven (con 16 años) contrajo matrimonio con un hombre llamado James Bickford, con el cual tuvo un hijo quien murió a muy corta edad. La pérdida de su hijo la dejó hundida en una gran melancolía y para sacarla de su letargo, ella junto con su esposo y otros miembros de la familia, se fueron de visita a Boston.

Un giro de 180° grados sucedió después de su paseo aquella ciudad, María no dejaba de decir lo fascinada que se encontraba por Boston y que ella debería vivir allá y no en Maine, su residencia hasta el momento. Insatisfecha con su situación, abandonó a su marido y se fue de regreso a Boston.

Al poco tiempo le escribió una carta a James en la que decía: “no puedo decirte en donde estoy, porque en el sitio en que me hospedo no saben que soy casada. James, me siento muy inestable y consentiré vivir contigo y hacer las tareas del hogar, pero tú debes consentir mi libertad.”

James, ansioso por recuperar a su mujer se marchó en busca de ella, pero que tan magna fue su sorpresa al darse cuenta en donde su esposa estaba viviendo: era un sitio para mujeres de baja reputación, un prostíbulo en donde se esposa se encontraba trabajando. El marido decepcionado renegó de ella y la dejó, pero María en vez de entristecerse le dio igual y siguió viviendo feliz ahí.

Para 1845, ya con 21 años, María conoce a un hombre llamado Albert Jackson Tirrell el cual la visita en su sitio de trabajo y empiezan una relación turbulenta.

El perpetuador del crimen

Albert Jackson Tirell era hijo de una familia prominente de Weymouth, Massachusetts. Él estaba casado y tenía dos hijos y por ciertas indiscreciones su esposa sabía de las infidelidades de éste, pero con María la situación fue diferente. Tirell abandonó a su esposa para unirse a Bickford y ambos se volvieron inseparables, viajaban juntos y cuando visitaban algún sitio se presentaban como marido y mujer.

La relación era descrita como volátil, ambos discutían mucho pero María disfrutaba los momentos de reconciliación. Otra situación que causó tensión en la pareja era que Bickford se siguió desempeñando como prostituta, algo que no le gustaba mucho a Albert, pero él siguió con ella.

Al poco tiempo Tirrell fue denunciado por adulterio, por mantener otra relación una chica más joven, pero como indicamos al principio al pertenecer a una familia de la clase alta pudo solucionar rápido el asunto siendo liberado bajo fianza y el volvió inmediatamente con María. Sin embargo, un mes después sucedió un tragedia.

Imagen 4. El Crimen de María BickFord

EL día del crimen

El 27 de octubre de octubre de 1845, el dueño del burdel donde vivía María, se despertó asustado debido al fuerte olor del humo.

La habitación se encontraba llena de humo que provenía de tres puntos diferentes: la cama, el armario y un baúl de ropa. María se encontraba en la cama con medio cuerpo adentro y medio cuerpo afuera de esta, su cuello había sido cortado de oreja a oreja y la profundidad de la herida era de 7,5 centímetros, estaba casi decapitada, le arrancaron uno de sus pendientes con tal brutalidad, que rajaron su oreja. A los pies de la cama se encontraron una cuchilla, un bastón y un chaleco de hombre ensangrentados.

Pruebas e investigación

Muchas personas identificaron a Tirell como uno de los habituales clientes de Bickford y como la última persona que había estado con ella esa noche; los testigos alegaban que habían visto a Albert quedarse con ella y que en la madrugada lo vieron salir hacia los establos, a eso se le sumó que alguien escuchó a una mujer gritar, pero nadie podía confirmar con certeza que Tirell era el culpable.

La policía lo buscó como su primer sospechoso, pero el hombre andaba desaparecido: Albert se había dado a la fuga. Con ayuda de unos familiares trató de salir en barco hacia Liverpool, mas no pudo llegar por el mal clima. Finalmente, fue capturado en las costas México y extraditado para su juicio.

Imagen 2. El Crimen de María BickFord

Una leyenda de la justicia lo defiende: Rufus Choate

Choate, un famoso abogado de Boston, es contratado por Tirell para defenderlo durante los juicios. El abogado destacó por sus peculiares intervenciones para obtener la inocencia de su cliente, el litigante alegaba lo siguiente: el asesinato, ‘si fue cometido’, fue realizado bajo la locura del sueño; el abogado decía que Tirrell sufría de sonambulismo (un diagnostico bastante inusual, debido a los pocos estudios de la época), un estado que lo llevaba a comportarse violentamente cuando se encontraba en un estado de letargo.

¿Cómo podrían acusar a un hombre que no era consciente de sus actos? Lo más probable es que la relación de los implicados continuaría, sino hubiera sucedido tal accidente, concluyó Choate.

El jurado deliberó durante dos horas y Tirrell fue hallado como no culpable, absuelto y más adelante intentó que se reembolsaran la mitad de los honorarios legales de Choate argumentando que su inocencia había sido obvia.

Fuentes:

  1. https://en.wikipedia.org/wiki/Albert_Tirrell

Imágenes: 1: alamy.es, 2: smithsonianmag.com, 3: historycollection.com

Imagen 3. El Crimen de María BickFord

La víctima: María BickFord

María era descrita como una persona tranquila, dulce, de apariencia delicada y siendo aún más joven (con 16 años) contrajo matrimonio con un hombre llamado James Bickford, con el cual tuvo un hijo quien murió a muy corta edad. La pérdida de su hijo la dejó hundida en una gran melancolía y para sacarla de su letargo, ella junto con su esposo y otros miembros de la familia, se fueron de visita a Boston.

Un giro de 180° grados sucedió después de su paseo aquella ciudad, María no dejaba de decir lo fascinada que se encontraba por Boston y que ella debería vivir allá y no en Maine, su residencia hasta el momento. Insatisfecha con su situación, abandonó a su marido y se fue de regreso a Boston.

Al poco tiempo le escribió una carta a James en la que decía: “no puedo decirte en donde estoy, porque en el sitio en que me hospedo no saben que soy casada. James, me siento muy inestable y consentiré vivir contigo y hacer las tareas del hogar, pero tú debes consentir mi libertad.”

James, ansioso por recuperar a su mujer se marchó en busca de ella, pero que tan magna fue su sorpresa al darse cuenta en donde su esposa estaba viviendo: era un sitio para mujeres de baja reputación, un prostíbulo en donde se esposa se encontraba trabajando. El marido decepcionado renegó de ella y la dejó, pero María en vez de entristecerse le dio igual y siguió viviendo feliz ahí.

Para 1845, ya con 21 años, María conoce a un hombre llamado Albert Jackson Tirrell el cual la visita en su sitio de trabajo y empiezan una relación turbulenta.

El perpetuador del crimen

Albert Jackson Tirell era hijo de una familia prominente de Weymouth, Massachusetts. Él estaba casado y tenía dos hijos y por ciertas indiscreciones su esposa sabía de las infidelidades de éste, pero con María la situación fue diferente. Tirell abandonó a su esposa para unirse a Bickford y ambos se volvieron inseparables, viajaban juntos y cuando visitaban algún sitio se presentaban como marido y mujer.

La relación era descrita como volátil, ambos discutían mucho pero María disfrutaba los momentos de reconciliación. Otra situación que causó tensión en la pareja era que Bickford se siguió desempeñando como prostituta, algo que no le gustaba mucho a Albert, pero él siguió con ella.

Al poco tiempo Tirrell fue denunciado por adulterio, por mantener otra relación una chica más joven, pero como indicamos al principio al pertenecer a una familia de la clase alta pudo solucionar rápido el asunto siendo liberado bajo fianza y el volvió inmediatamente con María. Sin embargo, un mes después sucedió un tragedia.

Imagen 4. El Crimen de María BickFord

EL día del crimen

El 27 de octubre de octubre de 1845, el dueño del burdel donde vivía María, se despertó asustado debido al fuerte olor del humo.

La habitación se encontraba llena de humo que provenía de tres puntos diferentes: la cama, el armario y un baúl de ropa. María se encontraba en la cama con medio cuerpo adentro y medio cuerpo afuera de esta, su cuello había sido cortado de oreja a oreja y la profundidad de la herida era de 7,5 centímetros, estaba casi decapitada, le arrancaron uno de sus pendientes con tal brutalidad, que rajaron su oreja. A los pies de la cama se encontraron una cuchilla, un bastón y un chaleco de hombre ensangrentados.

Pruebas e investigación

Muchas personas identificaron a Tirell como uno de los habituales clientes de Bickford y como la última persona que había estado con ella esa noche; los testigos alegaban que habían visto a Albert quedarse con ella y que en la madrugada lo vieron salir hacia los establos, a eso se le sumó que alguien escuchó a una mujer gritar, pero nadie podía confirmar con certeza que Tirell era el culpable.

La policía lo buscó como su primer sospechoso, pero el hombre andaba desaparecido: Albert se había dado a la fuga. Con ayuda de unos familiares trató de salir en barco hacia Liverpool, mas no pudo llegar por el mal clima. Finalmente, fue capturado en las costas México y extraditado para su juicio.

Imagen 2. El Crimen de María BickFord

Una leyenda de la justicia lo defiende: Rufus Choate

Choate, un famoso abogado de Boston, es contratado por Tirell para defenderlo durante los juicios. El abogado destacó por sus peculiares intervenciones para obtener la inocencia de su cliente, el litigante alegaba lo siguiente: el asesinato, ‘si fue cometido’, fue realizado bajo la locura del sueño; el abogado decía que Tirrell sufría de sonambulismo (un diagnostico bastante inusual, debido a los pocos estudios de la época), un estado que lo llevaba a comportarse violentamente cuando se encontraba en un estado de letargo.

¿Cómo podrían acusar a un hombre que no era consciente de sus actos? Lo más probable es que la relación de los implicados continuaría, sino hubiera sucedido tal accidente, concluyó Choate.

El jurado deliberó durante dos horas y Tirrell fue hallado como no culpable, absuelto y más adelante intentó que se reembolsaran la mitad de los honorarios legales de Choate argumentando que su inocencia había sido obvia.

Fuentes:

  1. https://en.wikipedia.org/wiki/Albert_Tirrell

Imágenes: 1: alamy.es, 2: smithsonianmag.com, 3: historycollection.com