El Etnocidio de los Yaquis. Parte I

La colonización forzada y la resistencia indígena

En múltiples ocasiones hemos hablado del genocidio ocasionado en los pueblos nativos americanos luego de la llegada europea. La destrucción en masa de civilizaciones enteras como la Nahualt o la incaica del Tawantinsuyu, nos dieron hallazgos escritos tan conmovedores como los recopilados por el historiador mexicano León López Portillo.

Sabemos que luego empezó un periodo de encomiendas, donde los nativos conquistados fueron obligados abrazar la fe occidental en un proceso de aculturación severo, donde el castigo por no hacerlo era el cadalso. En cambio, dicha fe debía pagarse con trabajo y tributos.

En el caso mesoamericano, la frontera natural con el norte, el amplio desierto dificultó el proceso de expansión hacia el rio Bravo. Alguna vez se envió una expedición para buscar las siete ciudades del Cíbola, pero luego de ese fracaso no importó colonizar. Por lo menos hasta el siglo XVII.

Aunque en 1533, el explorador Diego Guzmán encontró unos grupos nativos, llamados desde entonces “yaquis”. Ahí el jefe al encontrarse con los españoles les marca una raya en el suelo, amenazando con la muerte al pueblo capaz de cruzarla.

Dicha afrenta terminó con la retirada de españoles. No contaban con la ferocidad de un pueblo capaz de cuidar su río y sus tierras con simples armas aborígenes. La artillería no les asustó y desde ahí empezó una férrea guerra que no terminó sino hasta la batalla de Mazocoba en 1900, con cortos periodos de paz.

Para la cosmovisión yaqui, debemos entender desde la geografía histórica lo complejo del territorio sonorense donde estaban establecidos la mayoría de los grupos nativos prehispánicos. La tierra fértil es escasa y está a orillas de los ríos.

Ellos consideran que ese territorio fértil fue dado sólo a ellos por los dioses, por ello la hostilidad al enfrentar cualquier grupo histórico que trataba de establecerse en ese lugar. No había ninguna negociación y muchas veces los levantamientos no se hicieron esperar.

La aceptación misionera

Durante el inicio del siglo XVII, los yaquis cambiaron su actitud hostil gracias a la llegada de los misioneros jesuitas. Andres Perez de Rivas y Tomas Basilio fueron los primeros en establecerse en rancherías al otro lado del río y empezaron a socializar con varias comunidades.

Los primeros fueron Cócorit, Bácum, Vicam, Pótam, Tórim y Huiribis. Ellos además nunca fueron esclavizados ni obligados a entrar al sistema de encomiendas impuesto sobre todas las poblaciones.

Hasta el siglo XVIII vivieron en paz, entrando en un periodo de evangelización aunque siempre las mujeres yaquis sentían desconfianza de los bautizos. Con el tiempo la relación fue cambiando hasta volverse de nuevo peligrosa y densa.

Fue en 1740 cuando el pueblo yaqui volvió a sublevarse en busca de más tierras. Los jefes novohispanos se enfrentaron y terminaron ganando en varias batallas pero el tratado de paz, dejó que los yaquis mantuvieran su autonomía, tierras y armas.

Solo fue cuestión de tiempo para que mandaran a fusilar a los generales yaquis en el presidio de San Carlos de Buenavista. Aún así durante el siglo XVIII siguió todo en profunda paz. Muchos años después, hasta 1825 volverían las hostilidades.

Durante todo el periodo de paz, incluso la expulsión jesuita, los yaquis vivieron en armonía con los colonos y nunca intercedieron en ningún conflicto político, ni siquiera cuando los jesuitas fueron expulsados de las tierras del rey.

Con la independencia Mexicana pasó parecido. No interfirieron en ningún sentido, ni apoyaron a ningún bando. Ellos eran otro mundo y lo único que querían era paz y que nadie les asediara sus tierras.

La unión de los pueblos del noroeste

La llegada de la independencia tal vez motivó al jefe yaqui Juan Banderas al extermino de los yoris (como llamaban a los colonos mexicanos o españoles) y a la unión de todos los pueblos del norte en un solo gobierno. Incluso varios caciques ópatas se adhirieron ante la gran ofensiva.

La guerra duró más de siete años y las fuerzas de Banderas terminaron siendo aniquiladas y él fusilado en 1833. Aunque se quería dar la posibilidad a los yaquis de controlar su propio territorio, las aspiraciones anti colonos eran más grandes y por ello no pararon la lucha.

El levantamiento de Cajeme

El capitán José María Leiva se levantó en armas con el propósito de acabar de nuevo con los colonos. Las aspiraciones de incrementar sus tierras lo llevó a un enfrentamiento en lo que era conocido como la batalla de Capetamaya de 1882, donde el ejército yaqui sufrió la pérdida de 200 hombres de los dos mil que llevaban. El mismo jefe yaqui terminó herido.

Desde ahí, el racismo contra los yaquis se volvió hostilidades vivas. Desde 1885 el gobierno estatal y federal de Sonora llevó más lejos la guerra y fue formal la búsqueda del aniquilamiento.

Más de dos mil hombres fueron llevados a atacar las fuerzas nativas. La actitud los terminó diezmando hasta el punto en que los hombres de Cajeme quedaron dispersos por toda la sierra dejando a su paso miles de muertos.

Fuentes:

  1. https://es.wikipedia.org/wiki/Guerra_del_Yaqui
  2. https://www.cndh.org.mx/noticia/sublevacion-de-los-yaquis-las-companias-deslindadoras-extranjeras-los-despojan
  3. https://books.openedition.org/cemca/3359?lang=es
  4. https://artsandculture.google.com/entity/m0h556p2?hl=es

Imágenes: 1. https://www.bbc.com/mundo/noticias/2015/08/150828_yaquis_mexico_guerra_agua_an 2. es.wikipedia.org 3.infocajeme.com

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Bibliografía ►

El pensante.com (junio 30, 2022). El Etnocidio de los Yaquis. Parte I. Bogotá: E-Cultura Group. Recuperado de https://elpensante.com/el-etnocidio-de-los-yaquis-parte-i/