Grandes exploradores: Pedro Fernandez de Quiroz

Ampliar este tema:

Un mundo para descubrir

Cuando la casa portuguesa y la española estaban bajo el ala del águila bicéfala de la casa de los Habsburgo, el Imperio Español llevó sus exploraciones muy lejos. En 1512 Balboa descubrió el Mar del Sur (actual Océano Pacífico) y ahora debían explorarlo.

Todo el siglo XVI fueron largos viajes expedicionarios. Magallanes y Elcano viajaron con más de doscientos hombres hacia las Molucas por el oeste, gracias al apoyo del rey Carlos I. Darle la primera vuelta al mundo costó cuatro largos años y decenas de vidas.

Las nuevas exploraciones por Álvaro Mendaña de Neyra para explorar el Pacífico y las de Legazpi y Urdaneta hacia Filipinas, garantizaron el poderío español en el nuevo territorio descubierto.

Claramente los viajes no podían considerarse un éxito pleno en todos los sentidos. La mayoría de los grandes exploradores resultaban muertos o en largos cautiverios, por eso en vez de claudicar, los marineros seguían buscando nuevas rutas hacia Oriente.

El estado de las cosas producía optimismo entre la Corona a pesar de las dificultades. Cualquiera que estuviera en la nobleza y tuviera recursos no escatimaba en financiar un viaje hacia tierras lejanas pues la inversión se recuperaba de una u otra forma.

Hacia las minas del rey Salomón

Desde pequeño Pedro Fernández de Quiros perteneció al mundo marítimo. Nacido en Évola, Portugal, se incorporó joven a la Invencible Armada Española con la cual descubrió los océanos y así se volvió un excelente piloto.

Al llegar a América los conquistadores escucharon hablar a los quechuas de tierras ricas hacia el oeste. Decían que más allá de lo que los cuentos cuentan, había islas repletas de oro y especias. Todos creían que las tierras de Ofir estaban cerca.

Se rumoraba en Europa desde hacía siglos sobre tierras poderosas más allá de las columnas de Hércules. Las tierras divinas de los antiguos reyes eran reconocidas en relatos fantásticos que levantaba el miedo y la curiosidad entre las personas.

Fue por eso que Quiros partió como piloto en una flotilla comandada por Álvaro Mendaña hacia dichas tierras. Fue toda una aventura prosaica. El viaje partió desde Lima en 1595 y llegaron hasta las Islas Salomón, descubiertas unos años antes.

La tripulación sumaba más de 400 personas entre mujeres y niños. El propósito central del viaje era construir una nueva colonia española. Cuatro naves fueron las que partieron hacia dicha aventura.

Desafortunadamente uno de los galeones (el que comandaba Lope de Vega) fue hundido por un volcán en la isla de Tinakula. Los otros prosiguieron su viaje con grandes dificultades. Las otras dos naves desaparecieron después y sólo se salvó el San Gerónimo comandada por Quiros.

Aunque la expedición fue un fracaso total, Quirós fue reconocido como un héroe y con honores llegó a la corte del Papa Clemente VIII para el jubileo secular.

Hacia Terra Australis

Con 35 años de edad se presentó ante el Papa y ante el embajador español en Roma. Les expuso una propuesta desconcertante: descubrir la tierra austral; un mítico continente que debía quedar más abajo de Nueva Guinea. Su explicación convenció a la corte.

Así llegó a Madrid donde el rey Felipe III le facilitó tres naves que partieron desde Perú. El sueño principal de Quiros no eran las riquezas sino la evangelización de las nuevas tierras. Los viajes lo habían vuelto sumamente creyente.

En 1605 partió desde el Virreinato de Perú hacia la Terra Australis. Junto con tres barcos y 300 hombres entre marineros y soldados se aventuró hacia la polinesia. Un mes después divisaron tierra australiana.

Allí funda la ciudad Nueva Jerusalén. El asentamiento quedaba en un gran número de islas conocidos actualmente como Vanuatú y que en esa época el gran Quiros bautizó como “La Australia del espíritu santo”. Dicho nombre en honor a la casa Austria.

El viaje que prosiguió no fue el mejor. Desde sus naves se sentía la falta de liderazgo del comandante y se devolvió hacia Nueva España, actual territorio mexicano, dejando dos naves detrás de él. La nave llegó con grandes daños y el apoyo para partir de nuevo fue muy poco.

Unos meses fue la duración de una de las exploraciones más importantes de la historia. El avistamiento del continente Australiano hizo que Quiros se apresurara a volver confiado sin pensar en que su marino, Luis Vaes de Torres, se quedara con el mérito del descubrimiento oceánico.

Nueva Guinea fue descubierta por Torres y luego llegó hasta la ciudad de Manila. Un tiempo después divisó el cabo más septentrional de Australia; el cabo de York. El viaje de Torres fue una ruta que se mantuvo secreta por varios años.

La suerte de Torres fue quedar anclado en Manila. Nunca la historia volvió a recordarlo aunque escribió informes al rey y a Quiros relatando sus nuevos descubrimientos. Parece que los barcos terminaron sirviendo para cometidos locales.

La locura y la muerte

Ante la imposibilidad de ser reconocido por el rey, Quiros escribió más de cincuenta informes para que la corte le diera los recursos para partir de nuevo hacia las tierras septentrionales, logrando que el rey lo ignorara.

Se dice que el gran Quiros terminó loco por largos siete años. La miseria tocó a su puerta y ya no pudo recobrar la fama que tuvo en 1605. Fue menospreciado y abandonado.

Ante el peligro que representaba se le obligó a jamás volver a escribir sobre ello y se le mandó a vivir a Perú, aunque terminó muriendo en Panamá en extrañas condiciones.

Actualmente la nación Australiana lo reconoce por su interés de descubrir el continente australiano. Películas y grandes obras literarias se han escrito sobre él.

Fuentes:

  1. https://www.elespiadigital.com/images/stories/Documentos5/LA%20TIERRA%20AUSTRALIS.pdf
  2. https://www.religionenlibertad.com/fue-un-espanol-el-descubridor-de-australia-26614.htm

Imágenes: 1: sofima.hol.es, 2: sl.nsw.gov.au, 3: australiaforeveryone.com.au

Grandes exploradores: Pedro Fernandez de Quiroz

Bibliografía ►

loading...

See more Random post