El Pensante

“Inducción en Ondas Cerebrales”: ¿Qué tan vulnerables somos a fuentes externas?

Ciencia - noviembre 11, 2015

Imagen 1. “Inducción en Ondas Cerebrales”: ¿Qué tan vulnerables somos a fuentes externas?

Brainwave Entrainment

Tal y como lo prometí en el artículo dedicado a los Tonos Binaurales, en este artículo trataremos uno de los temas más fascinantes que me he encontrado en los últimos tiempos: la posible Inducción o Arrastre de Ondas Cerebrales (en inglés, Brainwave Entrainment) a partir de fuentes externas.

Antes de comenzar he de admitir que me fue difícil encontrar fuentes que hablaran largo y tendido de estas ondas… o al menos, que lo hicieran sin la intención de vender un producto para producir dicho efecto. Lo cual, he de admitir, me parece francamente extraño en un tema que podría ser usado para tantas cosas, buenas, sí, pero también perversas.

Las ondas cerebrales

Aquí comienza el asunto, en la emisión de ondas por parte de nuestro cerebro, el órgano supremo.

Para nadie es un secreto que el cerebro emite ondas electromagnéticas. Al tratarse de un órgano que funciona con la transmisión de señales eléctricas, es natural que dicha actividad genere ondas. Dichas ondas son increíblemente débiles y difusas, pero con el equipamiento adecuado pueden ser detectadas.

En teoría, cada una de las neuronas en funcionamiento emite sus propias señales: de hecho, el término correcto más que “onda cerebral” es “oscilación neuronal”. Sin embargo, es cuando muchas neuronas se “coordinan” entre sí que nos encontramos con verdaderas “Ondas Cerebrales” en terminología no académica. Cabe aclarar que es posible (y de hecho sucede mucho) que distintas partes de los cerebros emitan distintas frecuencias, algo que algunas fuentes indican está vinculado a la depresión, el insomnio y la esquizofrenia.

Imagen 2. “Inducción en Ondas Cerebrales”: ¿Qué tan vulnerables somos a fuentes externas?

Clasificación de las ondas

Por lo general, las ondas se han clasificado en varias categorías de acuerdo con su intensidad. Partimos de las ondas Delta, entre 1 Hz y 4Hz, y vinculadas casi que exclusivamente al sueño profundo, cuando el cerebro se encuentra en las etapas más subconscientes. Muchos trastornos, incluyendo el insomnio y el alcoholismo, causan una destrucción total o parcial de las ondas delta, lo que se asocia con problemas para la recuperación cerebral.

Seguimos con las ondas Teta, entre los 4 y los 8 Hz. Emitidas por las partes interiores del cerebro (y en particular, por el hipocampo), suelen vincularse con actividades de movimiento o exploración que se realizan de manera más o menos “automática”, sin una gran participación de la mente lógica.

Las ondas Beta (13 – 30 Hz) están vinculadas con la mente consciente y son las que emitimos en el día a día, cuando estamos despiertos. Dependiendo de la actividad pueden variar y alcanzan los picos más altos en el proceso de cambio entre dos actividades.

Acabamos con las ondas Gamma (30 – 70 Hz) vinculadas a varias cosas, algunas de ellas contradictorias. Parecen ser causadas por el pensamiento consciente y según algunos investigadores estarían en el origen de la conciencia y la capacidad de entender nuestro ser. Se vinculan a actividades cognitivas que pueden incluso desencadenar episodios de ansiedad y miedo, pero son también las ondas que caracterizan a los monjes budistas durante la meditación. En cualquier caso, parece ser que en su espectro se produce aquello que nos hace humanos.

¿Podemos modificar las ondas cerebrales?

Una de las preguntas más importantes, visto esto, es si podemos hacer que el cerebro adopte alguna emisión de ondas en específico. Esto puede tener muchos objetivos, desde inducir el sueño a personas que tienen insomnio hasta generar “estados” de tranquilidad en la mente, pasando por crear escenarios de miedo o angustia. En general, quien logre controlar estas ondas parece tener bastante influencia en los espectadores.

Pues bien, parece ser que hay varios modos de “inducir” en las ondas cerebrales. Aquí es donde la temática se vuelve verdaderamente fascinante y, a la vez, donde las fuentes comienzan a dar una información menos concluyente.

Imagen 3. “Inducción en Ondas Cerebrales”: ¿Qué tan vulnerables somos a fuentes externas?

El primer método, cuyo funcionamiento no está claro del todo, es el de los “Tonos Binaurales” de los que ya hablamos en un artículo pasado. En esencia, estos tonos se generan al poner a cada oído frente a un tono ligeramente diferente al del otro, generando la ilusión acústica de un aumento y disminución del sonido. Este efecto se dará en la amplitud de separación de los dos tonos (si uno es 300 y el otro 310 Hz, será de 10 Hz) e influirá de igual manera en las ondas cerebrales.

El fenómeno suena como de ciencia ficción, pero parece estar bien documentado por estudios clínicos. Lo verdaderamente fascinante (y que parece no estar completamente explicado) es que ondas sonoras terminen afectando el espectro electromagnético cerebral. En cualquier caso, este es uno de varios métodos acústicos – y parece que el más eficaz – para lograr la llamada “inducción de ondas cerebrales”.

Otros métodos están vinculados a la visión y la simple emisión de ondas electromagnéticas por parte de una fuente externa, algo que afectaría al cerebro sin que nos demos cuenta de ello.

Implicaciones

Aquí es donde todas las fuentes parecen quedarse mudas. Quedamos en que se pueden desencadenar estados de ánimo con algunas ondas, sí, y que dichas ondas pueden manipularse. Pero nadie parece hablar de los efectos de este descubrimiento.

Pensemos primero en las aplicaciones médicas. Personas con insomnio, con problemas para concentrarse o con falta de energía podrían encontrar en este método una herramienta para mejorar su desempeño o poder descansar. Así mismo, algunas frecuencias seguramente podrían usarse para tratar síndromes y enfermedades psicológicas. Sobre esto no encontré información.

Pero si hay poco relativo a los beneficios, está completamente por fuera del asunto el tema de los posibles usos militares o de ingeniería social de este sistema. Especulando, no resulta imposible suponer que una emisión masiva de cierto tipo de ondas podría generar desconfianza o pánico en una población. Otro, quizás, podría generar tranquilidad.

Aquí es donde abandonamos el camino de lo seguro y comenzamos a imaginar cosas. Y ustedes ¿hasta dónde creen que llegue el alcance de esta tecnología?

Fuente de imágenes: 1: relaxmeonline.com, 2: brainwavecollege.com, 3: stevenhalpern.com