Arsuf: la Batalla que casi cambia la historia de los Reinos Cristianos de Jerusalén y el Levante

Cruzadas

En noviembre de 1095 el Papa Urbano II dio un discurso que cambiaría la Historia. Se encontraba en Francia, su tierra natal, a donde había viajado en una misión urgente. El Patriarca de Constantinopla, entonces un gran aliado de Roma (y además de la Cristiandad, pues él mismo era Cristiano Ortodoxo) le había enviado un mensaje urgente pidiendo la ayuda de los reinos cristianos de Occidente contra los turcos invasores que acababan de ganar la Anatolia durante la Batalla de Mankizert.

Así, el Papa pronunció ante los nobles y religiosos del Reino de Francia el célebre sermón del Concilio de Clermont. Tenemos diferentes versiones del mismo (y a estas alturas es imposible saber cuál es más precisa), pero todas refieren a dos cosas fundamentales: la necesidad de mantener la “Paz de Dios” en los reinos Cristianos, y la necesidad de apoyar a los hermanos griegos en su lucha contra los infieles.

Europa Occidental, que por aquel periodo presentaba un renacimiento económico y demográfico, tenía una gran cantidad de jóvenes, muchos de ellos hijos de caballeros que sabían luchar y usar las armas. Estos jóvenes se habían dedicado a causar problemas y buscar conflictos en Europa, y por lo tanto el Papa consideraba una buena idea enviarlos al extranjero.

Fue así como comenzó la Primera Cruzada, que terminaría con la fundación del Reino Cristiano de Jerusalén. Pero pese a su éxito inicial, este Reino estaba en una situación difícil, rodeado de enemigos comprometidos con su destrucción.

El Reino de Jerusalén

El Reino de Jerusalén estaba rodeado por enemigos. Los poderosos Turcos Selyúcidas al norte gobernaban Anatolia (que el Imperio Bizantino había sido incapaz de recuperar), mientras que al sur los musulmanes del Califato Fatimí estaban comprometidos con recuperar las ciudades sagradas de La Meca y Medina.

Saladino (Ṣalāḥ ad-Dīn), gobernante de la Dinastía Fatimí, sería el más poderoso y temido enemigo del Reino Cristiano de Jerusalén. Entre los años 1185 y 1191 conseguiría aprovechar la división de los reyes cristianos y conquistar la práctica totalidad del Reino, incluyendo la ciudad de Jerusalén. En este momento la situación era crítica y solo un milagro podría lograr que lo que quedaba de las fuerzas cristianas, refugiado en la ciudad de Trípoli, sobreviviera al asedio.

Dicho milagro llegaría, en la figura de uno de los líderes militares más importantes de la cristiandad: Ricardo Corazón de León.

La Tercera Cruzada

Ante la caída de Jerusalén, una vez más el Papa comenzó a presionar a los caballeros cristianos para que marchasen a Oriente, y tres de los principales líderes escucharon su llamado: Filipo Augusto, Federico Barbarroja… y Ricardo Corazón de León.

De los tres, Filipo Augusto no duraría mucho en la campaña (la muerte del Conde de Flandes lo obligaría a retornar de manera urgente a Francia) y Federico Barbarroja se ahogaría en el camino, dejando a Ricardo como el único representante de los grandes caballeros de la cristiandad.

Ricardo era un guerrero avezado y un buen estratega. A sabiendas de la audacia de Saladino y de las derrotas previas de los caballeros cruzados organizó toda su campaña de manera sabia, manteniendo fuertes flancos armados, marchando con lentitud y solo en las mañanas (el calor había sido uno de los principales enemigos de la Segunda Cruzada), protegiendo su flanco derecho con el océano (para evitar una emboscada) y reposando en las zonas con agua dulce para beber.

Esto le permitió evitar los desastres de operaciones pasadas. Saladino, conocedor del deseo de “honor” de los caballeros, solía asediarlos con arqueros montados, forzando una carga para alejar a los jinetes del resto del ejército. La retirada de los arqueros revelaba fuerzas ocultas, listas para la emboscada, que masacraban los jinetes y dejaban desprotegidos a los soldados a pie.

Pero bajo Ricardo, que mantenía el orden y la cohesión de las tropas, esto no ocurrió.

Saladino, entonces, optó por montar una segunda treta que buscaba forzar la ruptura de la línea cruzada. Y fue así como ocurrió la Batalla de Arsuf: la más grande derrota musulmana en tiempos del Reino de Jerusalén.

Arsuf

Hay que tener en cuenta que los cristianos tenían mejores armaduras que los soldados musulmanes, lo que les brindaba protección, pero les quitaba movilidad.

El objetivo de los ataques de Saladino, con asaltos súbitos y retiradas rápidas, era conseguir una ruptura de la línea cristiana. Cuando un grupo se separase del resto podría ser aislado y exterminado, obligando a los demás a una retirada.

Aún más importante, Saladino ordenó a sus hombres atacar los caballos de los caballeros, muchos de los cuales cayeron ante las flechas. La idea era evitar que los caballeros francos, muy bien armados y entrenados, pudiesen ejecutar una de sus temidas cargas contra los musulmanes.

Pero Ricardo iba preparado. Había motivado a sus tropas e insistido en la importancia de mantener la línea a toda costa, y pese a la pérdida de caballos seguía esperando el momento indicado. Pasaban las horas y la columna cristiana avanzaba lentamente, incólume a la lluvia de flechas musulmanas, con Ricardo al frente, comandando el avance.

Y entonces llegó la oportunidad.

Los Caballeros Hospitalarios, que estaban entre las tropas mejor entrenadas y por lo tanto defendían el frente izquierdo (el más vulnerable) comenzaron a ser atacados por la retaguardia. Sus ballesteros, obligados a disparar hacia atrás y marchar de espaldas, pronto rompieron la formación, lo que fue rápidamente aprovechado por las tropas musulmanas.

Aquí, Ricardo podría haber perdido la batalla. Varios de sus lugartenientes consideraban que la situación era desesperada y que debían contraatacar de inmediato. Pero Ricardo no quería: estaba esperando el momento adecuado, con el ejército musulmán más cerca y con su caballería más cansada. Afortunadamente tenía la confianza de sus generales, o de lo contrario habría ocurrido una catástrofe.

La carga

Poco tiempo después las condiciones fueron adecuadas.

Al grito de “San Jorge” los Caballeros Hospitalarios comenzaron la carga. Ricardo reconoció la oportunidad y de inmediato hizo sonar las trompetas, ordenando la movilización de todos los caballeros cristianos. Los musulmanes estaban cerca, sus caballos estaban agotados y no tenían como retirarse rápidamente. Y su armadura no era competencia para las duras espadas europeas.

Ricardo, reconociendo el peligro de adentrarse en el desierto, frenó la carga a poco menos de dos kilómetros del frente y retornó a su ejército. Más de 5.000 soldados musulmanes, eje del ejército de Saladino, yacían muertos en el campo.

A partir de este momento Saladino entendió que Ricardo era un estratega competente y un gran guerrero, y simplemente optó por dejarlo conquistar Jerusalén. Sabía que eventualmente el inglés volvería a su isla y dejaría el reino en manos de alguien menos competente. Y cuando esto efectivamente ocurrió el reino de Jerusalén dejó de existir.

Pero por un breve momento, gracias a la tenacidad de Ricardo, pareció que iba a sobrevivir para siempre.

Fuentes:

  1. https://en.wikipedia.org/wiki/First_Crusade#Council_of_Clermont
  2. https://en.wikipedia.org/wiki/Kingdom_of_Jerusalem#Loss_of_Jerusalem_and_the_Third_Crusade
  3. https://en.wikipedia.org/wiki/Battle_of_Arsuf

Imágenes: 1: sciencephotogallery.com, 2: burnpit.us, 3: wikipedia.org

Arsuf: la Batalla que casi cambia la historia de los Reinos Cristianos de Jerusalén y el Levante

Bibliografía ►



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