Frases de celos

Tal vez lo más recomendable, previo a exponer algunas de las frases más célebres con respecto a los Celos, sea revisar la propia definición de este sentimiento humano, tan criticado, alabado e incluso deseado en la Cultura occidental.

Los celos

Aun cuando el concepto Celos ha sido abordado desde varios ángulos y corrientes, puede que a forma más objetiva de aproximarse a él sea a través de la definición que ha expresado respecto a este sentimiento la Real Academia Española de la Lengua, institución que le concede a esta palabra una entrada en su Diccionario, otorgándole varias acepciones. Pese a la diversidad de sentidos, para este caso se tomará en consideración la séptima acepción, en donde se definen los celos de la siguiente manera:

Sospecha, inquietud y recelo de que la persona amada haya mudado o mude su cariño, poniéndolo en otra.

Por consiguiente, se tiene que en el ámbito romántico-sentimental, los Celos pueden ser entendidos como el miedo o temor a que la persona a quien se ama dirija su amor y deseo hacia un tercero, pues esto significaría la pérdida de esperanzas de que surja un nexo, en caso de que no exista ya, o también, en caso que sí haya una relación amorosa, la ruptura de esta, así como de los votos de fidelidad que se han hecho con el ser amado.

No obstante, aunque algunos plantean que los Celos son una emoción inherente al humano, sobre todos al humano en situación de amor, otros señalan que en realidad no son del todo positivos, ni mucho menos sinónimo de seguridad o de relaciones amorosas sanas. Empero, el debate sobre la pertinencia o bienestar de los celos sigue en el tapete, sin que se haya llegado a una conclusión que satisfaga a defensores y detractores.

Frases célebres de Celos

Empero, como emoción humana al fin, la existencia de ellos, al igual que el debate sobre su carácter positivo o no, ha sido tema de reflexión durante siglos. A continuación, algunos ejemplos de cómo han sido percibidos los Celos a lo largo de la Historia del pensamiento:

Salomón (970 a.C. – 931 a.C)

El amor es fuerte como la muerte; los celos son crueles como la tumba.

Un ejemplo de cómo desde épocas remotas los celos no son bien vistos es esta frase de Salomón, rey de Israel, para quien los Celos, aun cuando se encontraban relacionados con el Amor, no eran suaves o tiernos, sino por el contrario guardaban en su germen la crueldad y la frialdad que solo puede albergar una tumba, en tanto –especulando sobre el pensamiento de este rey histórico- no persiguen el bienestar del ser humano, sino el propio y egoísta bien, así como la posesión y la opresión sobre el otro.

François de La Rochefoucauld (1613-1680)

En los celos hay más amor propio que amor.

En este mismo sentido, pero cientos de siglos después, este escritor francés dejaba en el tapete un hecho que para algunos es el argumento esencial para acusar en los celos un carácter egoísta: el que este sentimiento, al buscar más el beneficio personal que el del ser amado, ciertamente revela que el amor por el cual se mueve es por el propio, y en ningún momento por el otro. Es decir, aunque se teme perder al otro, en realidad se le resguarda para no sufrir, no porque en realidad se tomen en cuenta sus grandes valores.

Alphonse Karr (1808 – 1890)

Los celos son una mezcla explosiva de amor, odio, avaricia y orgullo.

De hecho, pese a que en todas las épocas los Celos han sido relacionados con las relaciones amorosas, pues es en ella en donde están presentes, o al menos no temen hacerse públicos y manifiestos, la mayoría de los pensadores coinciden en señalar cómo además de amor, los celos son en realidad una mezcla confusa de otros sentimientos.

En sintonía con Alphonse Karr, escritor francés del siglo XIX, para quien entonces además del amor que le servía de impulso a los Celos, estos también contenían grandes dosis de Odio, Avaricia y Orgullo. En consecuencia, esta receta llevaría a concluir nuevamente que en los Celos hay mucho más amor propio y deseo desmedido que real preocupación y amor por el ser con el que se comparte una relación amorosa.

Marcel Proust (1871 – 1922)

Los celos no son corrientemente más que una inquieta tiranía aplicada a los asuntos del amor.

Otro de los sentimientos que se asocian con los Celos es el deseo de Control, por ende quien es celoso, además de añorar no perder el amor de su objeto de deseo, busca en realidad controlarlo, o visto desde otro punto de vista, ejerce el máximo control como medida preventiva que lo conduzca a no perder al ser amado.

Sea cual sea el propósito de este control, y bien si de él nacen los celos, o si los celos nacen de ellos, en realidad, el Celoso tiene bastante de tirano, o al menos así parecía pensarlo este escritor francés del siglo XX, para quien el celoso imponía un gobierno tiránico en la relación amorosa, buscando coartar la libertad del otro.

Molière (1622 – 1673)

El celoso ama más, pero el que no lo es ama mejor.

Por su parte, Molière, escritor francés del siglo XVII, señalaba que aun cuando -al menos para él- los Celos eran sinónimo del gran amor que un individuo podía sentir por otro, al punto de temer desesperadamente perderlo, era esta misma sensación de angustia lo que hacía que el acto amoroso no fuese un hecho festivo y pacífico, sino terriblemente lacerante. Por ende, aun cuando la ausencia de celos es entendida como una falta de amor, o a lo sumo como un amor más comedido, según el pensamiento de este hombre, el que menos celara, amaría más tranquilo.

San Agustín (354 d.C. – 430 d.C.)

El que no tiene celos no está enamorado.

Sin embargo, en la Historia el pensamiento occidental, los Celos son considerados, también por algunos, señal inequívoca del amor por el otro. Un ejemplo de esto lo constituye esta frase de San Agustín, padre fundamental de la doctrina cristiana, para quien básicamente el individuo que no sentía celos –vistos estos como la preocupación de perder al ser amado- simplemente no estaba enamorada, pues según se puede inferir de la afirmación de este célebre teólogo, los Celos eran uno de los síntomas directos del Amor.

Jacinto Benavente (1866-1954)

El que es celoso, no es nunca celoso por lo que ve; con lo que se imagina basta.

Quizás uno de los aspectos más peligrosos de los Celos, y que lo hace semilla de algunos de los crímenes pasionales más tristes y trágico es el cómo no necesita de hechos para ser o alimentarse, pues su comida cotidiana son las dudas y la imaginación. Por ende, tal como señalaba en esta frase el dramaturgo español del siglo XX, Jacinto Benavente, el celoso no necesita ver algo tácito o concreto para sentir celos, con tan solo entregarle el trabajo a su imaginación tiene gasolina suficiente para conducir el tres de sus sentimientos directo al desastre.

Stendhal (1783-1842)

El enamorado celoso soporta mejor la enfermedad de su amante que su libertad.

Y es que los Celos pueden ser tan profundamente egoístas, y tan poco generosos con aquel que los inspira, que tal como señalaba en su contexto Stendhal, escritor francés del siglo XIX, el amante celoso en ocasiones soportaría mejor el mal físico de la persona que ama, que la idea de que ande libre y fuera de la sombra de su control. En consecuencia, no podría pensarse que revista tanto amor un sentimiento que desdeña el bien y la libertad de la persona a quien se supone que se ama.

Immanuel Kant (1724 – 1804)

El hombre es celoso si ama; la mujer también, aunque no ame.

También ha ocurrido que en la Historia del pensamiento, los Celos se han analizado bajo la lupa de la ideología de género, buscando entonces establecer quiénes por naturaleza son más celosos, si los hombres o las mujeres. En este orden de ideas, Kant, célebre filósofo alemán del siglo XVIII, señalaba cómo el Hombre solo es capaz de sentir celos, si su amor es genuino, mientras que la mujer –quizás más territorial a la luz de las ideas de Kant- tenía en su configuración la idea de sentir y exteriorizar sus celos hacia la persona con la que sostiene una relación, así no esté enamorada.

Voltaire (1694 -1778)

Los celos cuando son furiosos, producen más crímenes que el interés y la ambición.

Teniendo en cuenta entonces que los Celos pueden tener su germen en pasiones desbordadas y egoístas, no se puede creer en ningún momento que sus frutos sean dulces, sino que por el contrario, los celos pueden conducir tanto a los que los sienten como a quienes los inspiran a abismos bastantes cruentos. De hecho, tal como señalaba en su momento Voltaire, filósofo francés del siglo XVIII, los Celos son los causantes de muchos más crímenes que la ambición o el interés, pues los mueve la furia.

Por ende, aun cuando algunos los relacionan como una señal de amor, en realidad no puede ser bueno alimentar un sentimiento egoísta que busca el propio bienestar, aun por encima del de la persona amada.

Imagen: pixabay.com

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Bibliografía ►

El pensante.com (diciembre 31, 2018). Frases de celos. Bogotá: E-Cultura Group. Recuperado de https://elpensante.com/frases-de-celos/