La Diosa Vesta y las Vírgenes Vestales

Diosa

Era hija de Saturno y Ops. Considerada por los romanos como la diosa protectora de la humanidad, sus tareas eran velar por el fuego y por la chimenea familiar para más tarde convertirse en la diosa protectora de la Res publica. Vesta y sus deberes divinos, tienen gran importancia en el antigua Roma, pues el fogón de un hogar, no solo era el sitio donde se cocinaban los alimentos, sino también era el altar donde la cabeza de la familia ofrecía sus oraciones y sacrificios.

La diosa era representada como una mujer de gran belleza que sostenía un cuenco votivo en una mano y una antorcha en la otra. Según la leyenda fue cortejada por varios dioses como Febo y Neptuno, sin embargo, ella decidió permanecer pura y virgen. Otro dato curioso para compartir es que el animal asociado a la deidad era el burro: resulta que un día mientras Vesta dormía en un prado, un dios menor llamado Mutinos, quien se caracterizaba por ser un hombre de falo enorme, intentó violar a la diosa.

Pero en ese momento un burro pastaba cerca y rebuznó tan fuerte que despertó a la diosa, quien pudo huir de su agresor. A partir de ese suceso la diosa adoptó aquel animal.

Numa creó el tiempo en honor a Vesta

La construcción del templo de las vestales (ubicado en el foro romano) fue auspiciada por el emperador Numa, el segundo rey de Roma (sucesor de Rómulo) quien se casó con Tacia la hija del rey Tito Tacio, lo que lo convertía en el concuñado de Rómulo. Gran parte de su vida nos llega por la pluma del escritor griego Plutarco, es así como sabemos que el emperador pasó gran parte su vida fortaleciendo el culto a los dioses, costumbres y luto.

También creó las principales instituciones religiosas, mandó a edificar el templo del dios Jano, el dios de las puertas, al que se le consagró el primer mes del reformado calendario elaborado por Numa, el cual incluía los doce meses lunares.

Durante el reinado de Numa, solo dos sacerdotisas se encontraban a cargo de mantener vivo el fuego de Vesta: se decía que mientras el fuego se mantuviera ardiendo Roma gozaría de grandes fortunas. Si alguna de las encargadas fallaba en su labor era castigada con latigazos, pues se creía que si se apagaba el fuego grandes desastres acontecerían en la gran ciudad.

El fuego era considerado por Numa como puro y sin corrupción, por eso le concedió tal tarea de protegerlo a las vírgenes vestales: las sacerdotisas de Vesta, quienes se dice que originalmente eran dos hijas del mismo emperador.

Las vírgenes vestales

El colegio de las vestales estaba integrado por hermosas mujeres vírgenes dedicadas al culto de Vesta. Las miembros no solo debían contar con gran belleza sino venir de familias nobles de Roma. Las mujeres eran seleccionadas por el Pontífice Máximo (el representante de los colegios de sacerdotes) generalmente a la edad de 6 a 10 años, y durante una década servirían como novicias para más adelante ser reconocidas como Vestales y pasar a vivir en el Atrium Vestae, la residencia o dormitorio de las sacerdotisas.

Debían dedicarse con disciplina a los estudios y rituales propios de sus funciones: tenían prohibido casarse, tener hijos o mantener algún tipo de relación con algún hombre. En la residencia aparte de contar con alojamiento, también tenían a su disposición alimento y un guardaespaldas.

Gran parte de su educación estaba a cargo de las vestales mayores y de la principal la Vestalis Maxima, para la luego las iniciadas pasar ayudar más adelante a las nuevas. Las vírgenes Vestales a diferencia de muchas otras mujeres, podían conseguir propiedades privadas y podían librarse de ciertos impuestos. Además, eran emancipadas de la patria potestad de su familia, lo que les permitía disponer de lo suyo sin la autoridad de un tutor.

Entre otros de sus privilegios se encontraban: elaborar sus propios testamentos, presentar pruebas ante un tribunal sin hacer un juramento, absolver a un criminal si se lo encontraban por el camino a donde este fuera a ser ejecutado, siempre y cuando su encuentro hubiera sido por casualidad y no planeado.

Deberes, castigos y la Vestal que se salvó de la muerte

Si alguien las ofendía o maltrataba esa persona sería condenada a muerte. Contaban con carruajes para sus viajes y tenían asientos reservados para las primeras filas en diversos juegos. Sin embargo, con los privilegios llegan las obligaciones: sabemos que una de las principales era mantener el fuego encendido en el templo.

Ellas también debían mantenerse puras y si esta ley era infringida, a pesar de que era penado derramar sangre de una virgen, su castigo no era nada misericordioso: la vestal era enterrada viva, sobre el fondo de una losa se ponía una lamparita, un poco de aceite, un pan, agua y leche, luego se colocaba una losa para sellar el sepulcro herméticamente.

Durante el periodo que duró la devoción a Vesta se conocen solo 22 sacerdotisas que fueron castigadas y en cuanto al amante le esperaría el mismo destino, pero de forma más cruel. Hay un caso particular donde, un noble de alto rango que gozaba de mucho poder, Marco Licinio Craso, fue acusado de yacer con una vestal y como se podrán imaginar su caso terminó en juicio.

Sin embargo, el hombre argumentó que sólo cometió aquel acto con el objetivo de quitarle una propiedad a la sacerdotisa. En pleno juicio fue absuelto debido a que su acto fue motivado por la avaricia y no por la lujuria, por lo tanto, se salvó Craso y la mujer.

Además, las vírgenes debían purificar el templo con agua de un arroyo, preparar la mola salsa para eventos públicos como la Vestalia, una celebración que ocurría en junio entre los días 7 y 15.

Después de los 30 años eran liberadas, podían casarse y formar su propia familia, pero para la mayoría de las Vestales ésta no era una opción muy satisfactoria, así que preferían continuar sirviendo en el templo

La bella vestimenta de las vestales

Toda la indumentaria usada por las vestales era un sinónimo de su estatus y la importancia que tenían para la sociedad romana, que inclusive llegaba a invertir parte de los impuestos en el sustento del colegio de las sacerdotisas. Las mujeres solían llevar un llevaban un velo en la cabeza y portaban una lámpara encendida entre las manos, uno de sus mayores distintivos era la vitta, una banda que rodea la cabeza, hecha de lana con color blanco o púrpura que servía para confinar las trenzas: ese adorno solía simbolizar su virginidad. Y también era lo primero de lo que debía despojarse a una vestal cuando rompía su voto de castidad.

Vestales famosas por sus actos heroicos o por intervención divina

Ella es una de las primeras Vestales, madre de Rómulo y Remo, Rhea Silvia. Al igual que sus hijos su historia mítica está llena de historias que involucra a deidades: desde el padre de sus legendarios gemelos (el origen de los niños es producto de la violación a manos del dios Marte) hasta su enlace nupcial con el dios Tíber.

La siguiente sacerdotisa fue acusada de haber violado sus votos de castidad, pero logró escaparse del castigo al transportar “agua con un colador”, no se sabe a ciencia cierto por qué fue perdonada ya que el relato es bastante antiguo.

Hay dudas también con la veracidad de la siguiente historia, pero la versión nos cuenta que Tarpeia -una sacerdotisa del templo- se dejó cegar por su ambición y durante el periodo en que Roma se encontraba en guerra con los sabinos convino con los rivales abrirles las puertas de la ciudad, pensando que le darían sus brazaletes de oro. Sin embargo, sucedió todo lo contrario, y los enemigos de Roma, terminaron aplastando a la sacerdotisa. Su cadáver fue arrojado de la roca más alta de Roma y a partir de eso, aquel lugar tomó el nombre de la traidora y se convirtió en un sitio de castigo.

Julia Aquila Severarompió sus votos de castidad al contraer nupcias con el futuro emperador de Roma Elagabalus; debido a lo sucedido lo correcto sería que se le hubiera castigado, pero el haberse casado con emperador lo hacía imposible.

Coelia Concordia y Occia fueron famosas Vestalis Maxima: ésta última presidio la orden por 57 años. Por último, tenemos a Virginia Claudia, quien salvó la figura de una diosa en terminar hundida en el río Tiber, la terminaron nombrando Magna Mater (Gran Madre).

La sacerdotisa que se durmió en su trabajo

Como dejamos claro antes, una de las labores más importantes que cumplían las vestales era mantener encendido el fuego sagrado de la diosa, pero resulta que Emilia (hay versiones en las que se menciona que ella era la hermana de Rómulo y Remo), una de las sacerdotisas del templo, se quedó dormida en su labor y el fuego se terminó de extinguir. Angustiada, al darse cuenta de la falla que había cometido, le imploró a la diosa su misericordia: fue ahí cuando notó que parte de su túnica se había quemado y que todavía guardaba parte del calor del fuego, por mediación de la diosa pudo reavivarlo.

¿Qué sucedía sí el fuego se extinguía?

El fuego del tempo de Vesta, el cual era de tal importancia para la ciudad de Roma era encendido usando un espejo cóncavo. Si el fuego se llegaba a extinguir, el Senado Romano se reunía y buscaban las causas, para remediar la situación, se purificaba el templo y se volvía a encender la llama. Aunque derramar la sangre de una virgen como castigo era pecado; existían consecuencias.

La negligencia de la vestal sería castigada por azotes dados por Pontífice Máximo: se llegaba a pensar que la falla de la sacerdotisa podría causar hasta un incendio

Fuentes:

  1. https://es.linkfang.org/wiki/Aemilia_(sacerdotisa)
  2. https://es.wikipedia.org/wiki/Numa_Pompilio#Reinado
  3. https://es.wikipedia.org/wiki/Rea_Silvia
  4. https://www.laprensa.com.ni/2016/11/26/opinion/2140739-las-sacerdotisas-de-la-diosa-vesta
  5. https://es.wikipedia.org/wiki/Fuego_sagrado_de_Vesta
  6. http://www.vestal.es/

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La Diosa Vesta y las Vírgenes Vestales

Bibliografía ►



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