Las células inmortales Henrietta Lacks

Descendiente de esclavos de las plantaciones

Henrietta era descendiente de un hombre dueño de una plantación en Virginia, varias generaciones de su familia se dedicaron al cuidado y cultivo de la tierra. Para 1941, contrajo nupcias con David Lacks (su primo) y con él tuvo cinco hijos. Para el 1 de febrero de 1951, Lacks iría de consulta al Hospital Johns Hopkins, uno de los pocos nosocomios que atendía a personas de color, la mujer sentía gran dolor a causa de un bulto en el cuello uterino y presentaba hemorragias

Antes de ser ingresada, se tomaron unas muestras de la mujer para análisis y exámenes, más tarde se extrajo una muestra del tumor y se guardó una parte. Lacks inició un tratamiento con radioterapia, algo común en la década de los 50´s, pero su condición empeoró, los médicos tratantes creían que su condición se debía a causa de una neurosífilis y una gonorrea aguda, el tratamiento no fue suficiente y para octubre de 1951, terminaría falleciendo con sólo 31 años. Una autopsia revelaría que el cáncer había hecho metástasis en otras partes del cuerpo y debido a la falta de recursos sería sepultada sin lápida en un cementerio familiar.

El gran descubrimiento

En el mismo hospital donde Henrietta estaba ingresada, trabajaba el ginecólogo Richard Telinde, quien estaba investigando el cáncer de cérvix con una pareja de investigadores, George y Margaret Gey, quienes también investigaban acerca de los cultivos de tejidos y cultivos celulares.

Telinde y los Gey, tenían investigaciones bastantes ambiciosas: el primero quería demostrar cómo los tumores invasivos y no invasivos tenían un origen común y cómo ambos tipos eran parte de un proceso de evolución. Los Gey, querían conseguir un cultivo de células humanas que continuara vivo fuera del organismo huésped.

Cuál sería la sorpresa de la pareja al descubrir que las muestras que le había pasado se había multiplicado en poco tiempo; se mantenían vivas y crecían en cultivo celular, la pareja nombraría a la muestra HeLa. Tal descubrimiento abrió un sinfín de posibilidades al gremio científico, Jonas Salk haría uso de las células HeLa para el desarrollo de la vacuna contra la poliomielitis.

Se pusieron en marcha una producción masiva de las células, la cuales han sido enviadas a varios laboratorios para realizar estudios sobre el cáncer, sida, los efectos de la radiación, sustancias tóxicas e inclusive en test de maquillajes. Se conoce que hay más de 11.000 patentes que involucran a HeLa. También se produjo el desarrollo de medicamentos como trastuzumab contra el cáncer de mama, algunas terapias génicas y medicamentos para pacientes con Parkinson o leucemia.

Las razones de su inmortalidad

Las células HeLa cuentan con varias características especiales que las hacen valiosas para la ciencia: su rápido crecimiento, su inmortalidad y que son cancerosas. La gran capacidad para multiplicarse, en menos 24 horas, las hacen idóneas para los ensayos a gran escala, esta capacidad es gracias a que el HPV (Virus del Papiloma Humano) había integrado su genoma cerca del protooncogén c-myc, es decir, con aquella mutación las células proliferan a gran velocidad.

La inmortalidad viene de la capacidad de dividirse indefinidamente, las células se dividen sin afectarse su material genético: se mantienen jóvenes.  Y por último al ser cancerosas, cuentan con mutaciones que las hacen diferentes de las demás células y las liberan de los comportamientos de un organismo. 

Una contribución involuntaria ha salvado a millones de personas

Teniendo en cuenta que más de un laboratorio se enriqueció a costa de las células de Lacks y que finalmente, el cáncer segaría su vida, uno pensaría que parte de ese dinero le tocaría a los herederos y esposo de Henrrieta. Quienes se enteraron lo que había hecho con su esposa, 25 años después y no de una forma fácil de entender. Para el año de 1973, un grupo de genetistas buscó a la familia Lacks para examinar su ADN, pues se planteó la hipótesis que la cura del cáncer podía encontrarse en la manipulación de los genes.

Lo que contó Rebecca Skloot autora del libro «La vida inmortal de Henrietta Lacks», sería descrito como un choque cultural: Un día un investigador de postdoctorado llamó al esposo de Henrietta, quien no había terminado la escuela y no sabía qué era una célula», el hombre entendió con horror que su esposa había sido víctima de algo más siniestro.

“Tenemos a su esposa. Está viva en un laboratorio. La hemos usado en investigaciones durante 25 años. Ahora queremos examinar a sus hijos a ver si tienen cáncer» en cuanto a los hijos de Henrietta, terminaron extrayéndoles muestras de células para estudiarlas. 

Henrietta dejó un legado gracias a su cuerpo, el mismo cáncer que la acabó les dio a sus células la posibilidad de ayudar al mundo. Y aunque la familia falló al conseguir reconocimiento monetario, si se reconoció a la dama como una heroína científica, uno podrá imagina que la dulce mujer estaría congratulada de saber que, gracias a ella, miles de vida han cambiado para mejor y lo seguirán haciendo.

Para agosto del 2013, se le confirió un poco de control sobre acceso de los científicos al código de ADN de las células de Henrietta Lacks. Y para octubre de 2021, el Director General de la OMS otorgó un premio póstumo en reconocimiento de vida y contribución a la ciencia médica, Lawrence, uno de sus hijos, recibió el premio. La idea era subsanar como miembros científicos y médicos el color de piel de la excisa.

El dilema ético de Henrrieta Lacks

Es hasta 1996 cuando en Estados Unidos se ilegalizó que los doctores dispusieran libremente de los cuerpos de los fallecidos sin su consentimiento. El caso de Henrrieta encierra un dilema ético que por años a llevado a debates en el círculo médico porque la familia Lacks, tuvo que sufrir la persecución médica para poder tener más muestras de sangre (querían barrer la hipótesis de que el cáncer era hereditario).

El debate planteado que además, hizo parte del bestseller mencionado de la autora Rebeca Skloot, se centra principalmente en la regulación bioética de la investigación. Pues si se ha considerado que justamente la persona en cuestión de la cual se toman tejidos o células, no debe pertenecer a un grupo discriminado o con fines de filantropía por parte de los médicos.

En los países subdesarrollados, esto aún perdura. Tanto así que las investigaciones médicas se han centrado por muchos años en experimental incluso con animales, como es el caso de Elkin Patarroyo que probaba sus vacunas de la malaria con monos de la selva amazónica.

Varios centros de investigación nacieron luego de que Henrrieta se volviera contribuyente a la ciencia. La misma familia Lacks entiende hoy en día los grandes avances en investigación que se desarrollaron gracias a la madre y la misma difusora bioética, Dra. Skloot, creó una fundación para ayudar a los pacientes pobres o a las investigaciones sobre el cáncer. Claramente la lucha bioética no termina y la regulación se ha establecido en varios niveles.

Por ejemplo, ya no se puede experimentar con población vulnerable por sexo, edad o falta de educación. También quedó establecido que para el desarrollo de experimentos no se puede conocer los nombres de los pacientes o incluso difundirlos entre la población pero si llega a existir un lucro económico, la familia debe recibir parte de la comisión.

Fuentes:

  1. genotipia.com/la-increible-historia-de-las-inmortales-celulas-hela-parte-1/
  2. www.bbc.com/mundo/noticias-39181812

Imágenes: 1. www.65ymas.com 2. https://es.wikipedia.org/wiki/Henrietta_Lacks 3. https://medicoplus.com/ciencia/celulas-hela

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Bibliografía ►

El pensante.com (febrero 25, 2022). Las células inmortales Henrietta Lacks. Bogotá: E-Cultura Group. Recuperado de https://elpensante.com/las-celulas-inmortales-henrietta-lacks/