Model E: el último gran auto de vapor

Modelo B

La Máquina de Vapor

Si bien la primera máquina de vapor fue creada como una curiosidad por Herón de Alejandría allá en el siglo III d.C., no sería hasta los tiempos del Renacimiento cuando comenzaría de nuevo a desarrollarse la tecnología. Ya hacia principios del siglo XVII comenzaron a realizarse avances en la tecnología, primero en España, luego en Inglaterra, pero no sería hasta la invención del motor de vapor de James Watt que la tecnología verdaderamente despegaría.

Este diseño, patentado en 1776, esencialmente trabajaba sobre diseños anteriores mejorándolos pero por primera vez podía manejar altas presiones, lo que le permitía un uso mucho más eficiente de la energía y ejercer más fuerza. Sería con esta tecnología que despegaría la Revolución Industrial, generando lo que seguramente fue el cambio más profundo en nuestra civilización desde la agricultura.

Y la máquina de vapor encontraría un nicho en incontables lugares. Desde el drenaje de las minas (para lo que fue originalmente inventada) hasta el transporte marítimo y terrestre, pasando por la industria textil y la industria metálica, la capacidad de la máquina de vapor para convertir energía térmica en movimiento sentó las bases tecnológicas de aquello que llamamos modernidad.

La llegada del automóvil

Pero pronto, otros dos mecanismos para convertir la energía en movimiento entrarían a competir con la máquina de vapor: el motor eléctrico, que sería inventado en 1828 y comenzaría a ganar popularidad en algunos sectores de la industria, y el motor de combustión interna, que usaba un sistema de pistones y si bien fue inventado hacia finales del siglo XVIII, no comenzaría a ganar popularidad hasta casi medio siglo después.

Y pronto, estos tres motores comenzarían a competir por la supremacía en un nuevo sector: el sector de los automóbiles, que comenzaba a ganar más y más importancia hacia finales del siglo XIX.

El motor eléctrico tenía una desventaja tremenda: no tenía manera de almacenar suficiente energía para realizar un viaje largo. Por esta razón se mantuvo mientras los carros fueron una curiosidad, pero eventualmente sería abandonado a favor de otras alternativas (y no se retomaría hasta que las actuales baterías de litio le permitieran una

Pero el carro a vapor era un asunto completamente diferente. Su capacidad y potencia competían con la del carro a gasolina, pero generaba menos contaminación y presentaba un menor costo de combustible. Los problemas asociados a la aceleración y la potencia fueron solucionados relativamente pronto, y los carros a vapor competían palmo a palmo con aquellos a gasolina. Por un par de décadas, no se sabía si el futuro era del petróleo, o del vapor.

Quizás se debió más al azar que a ninguna otra cosa. Ford, con su célebre línea de ensamblaje, consiguió bajar los precios de los carros a gasolina, mientras que los carros a vapor seguían siendo muy costosos. Pero el vapor no se iría sin pelear, y hacia los 1910’s se fabricó el que se considera, tradicionalmente, el último auto de vapor.

El Modelo B

Fue obra de un grupo de hermanos adolescentes: Abner, John, Warren y Bill Doble, quienes comenzaron a construir autos a vapor antes de graduarse de la secundaria. Su tercer modelo sería bautizado como el “Modelo B” y posteriormente patentado.

Y se convertiría en una sensación. Los hermanos habían podido solucionar muchos de los problemas más serios de los carros a vapor, y este vehículo trapeaba el piso con los carros a gasolina de la época. Su aceleración era impresionante, pasando de cero a 95 km/h en menos de seis segundos (por hacer una comparación, el Modelo T de Ford tardaba entre 40 y 50 segundos en alcanzar su velocidad máxima de 80 km/h).

Y con su nueva fama los hermanos consiguieron cerca de 200.000 dólares para fundar su compañía: la General Engineering Company, con la que comenzarían el diseño de su Modelo C.

Modelo C

El Modelo C

Y era una verdadera maravilla de la ingeniería.

Usando kerosene en aspersor, este vehículo podía comenzar a andar 90 segundos después de girar la llave de encendido. Como imaginarán, para una tecnología que depende de calentar una caldera, este tiempo era revolucionario y negaba una de las principales ventajas del vehículo a gasolina: la practicidad de encenderlo y comenzar a andar de inmediato.

Sin embargo, la compañía comenzaría a tener problemas porque sus vehículos no cumplían lo prometido. Conflictos entre los hermanos llevaron a la suspensión de la producción (agravada por la escasez de acero durante la Guerra) y no sería hasta la muerte de John que la empresa volvería a comenzar su producción con el que sería su gran último modelo.

El Modelo E

Este modelo, sin los problemas de su antecesor, superaba todas sus características. Podía arrancar en menos de 40 segundos en un día de invierno, y su potencia superaba incluso a la de su antecesor. El vehículo tenía mucho potencial, y pronto alcanzó gran popularidad.

Modelo E

Su limitación, en este caso, no fue tecnológica: fue económica. Abner, quien dirigía la compañía, estaba obsesionado con la perfección, y cambió repetidamente los diseños del vehículo en este periodo. Al contrario que Ford, que prefería un carro más barato, este ingeniero optaba por hacer todo perfecto y en pequeñas cantidades, y el resultado fue un vehículo de unos 18.000 dólares (más de 200.000 dólares actuales) que solo los más ricos podían comprar. Esto terminaría por matar la empresa cuando la Gran Depresión mandara al piso la economía del país.

Una lástima. Los vehículos que sobreviven del Modelo E han requerido muy poco mantenimiento, e incluso algunos siguen funcionando en la actualidad sin cambiarles ninguna pieza. En los 90’s se demostró que aún estas arcaicas versiones de 1920 contaminaban menos que los carros a gasolina. Y en general, parece haber sido una oportunidad perdida el haber abandonado esta tecnología.

Fuentes:

  1. https://www.damninteresting.com/the-last-great-steam-car/
  2. https://en.wikipedia.org/wiki/Doble_steam_car

Imágenes: 1 y 3: youtube.com, 2: ultimatecarpage.com

Model E: el último gran auto de vapor

Bibliografía ►



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