Reencontrándose con el Principito: el último vuelo de Antoine de Saint-Exupéry

Antoine de Saint-Exupéry en el Sahara luego de chocar. Aquí, supuestamente, conocería al Principito

El Principito

Todos conocemos la icónica historia escrita por el francés Antoine de Saint-Exupéry. “El Principito” es una lectura obligada para cualquiera que guste de la literatura y un cuento que luego de un siglo sigue conmoviendo corazones.

Saint-Exupéry escribió el libro en primera persona. Muchos de nosotros, que leímos el libro cuando niños, no fuimos conscientes de que era él el piloto que queda varado en el desierto donde conoce, aquella mañana, al enigmático viajero del asteroide B-612. Pero Saint-Exupéry no sólo era un piloto, era un aventurero que en varias ocasiones quedó a merced de los elementos cuando su aeronave dejó de responder. En este sentido, el relato del Principito no parece tan fantástico como se vería a primera vista.

Antoine, el piloto

Según su propio relato, Saint-Exupéry se enamoró de la aviación cuando tenía apenas 12 años. En aquella ocasión, se encontró con las avionetas que sobrevolaban el aeródromo rural de Ambérieu, cerca de la ciudad francesa de Lyon. Con la insistencia que sólo un joven obsesionado de doce años es capaz de lograr, Saint-Exupéry consiguió que uno de los pilotos lo llevara en una vuelta en su destartalada aeronave.

Fue amor a primer vuelo. A partir de este momento Saint-Exupéry no pudo pensar en nada más que en dedicarse volar y a sus 21 años se enroló como cadete en la aviación militar francesa. Participaría en el servicio postal francés, llevando paquetes y rescatando pilotos accidentados en el desierto de las colonias africanas francesas.

Cuando estalló la Segunda Guerra Mundial Saint-Exupéry, a la sazón con 39 años, ya no era apto para combatir con las tropas francesas. Sin embargo, utilizando sus influencias consiguió un puesto en la Fuerza Aérea Francesa y empezó a participar en peligrosas misiones de reconocimiento. Francia, lamentablemente, fue rápidamente derrotada por Alemania y Saint-Exupéry se vio obligado a emigrar a los Estados Unidos.

Allí escribiría su obra más conocida: “El Principito”, y pintaría las acuarelas con las que la ilustró. Pero no estaba satisfecho con sus acciones y comenzó a presionar para que le permitieran volver al frente. En 1943 se reintegró a su antiguo unidad de reconocimiento, que en este momento estaba operando desde la isla de Córcega, y una vez más comenzó a participar de operaciones.

El último vuelo

Sin embargo, a estas alturas ya tenía sobrepeso y no había entrenado lo suficiente para volar los aviones modernos que ahora gobernaban los cielos. En su segunda misión cometió un error que llevó a la casi pérdida de su aeronave y le prohibieron seguir volando.

En este momento, con deudas, con problemas maritales, con el castigo que había recibido y enfrentando el rechazo de la resistencia francesa (que lo juzgaba por haber viajado a Estados Unidos y no a Londres, con el resto del gobierno en el exilio) parece ser que Saint-Exupéry comenzó a pensar en el suicidio.

El 31 de julio de 1944 Antoine de Saint-Exupéry partió del aeropuerto de Poretta, en Córcega, para cumplir una misión de cartografía sobre suelo francés. Jamás volvería a la base.

Por décadas, el misterio de la desaparición de Saint-Exupéry se mantuvo en la nación francesa, y el piloto, pese a sus últimas acciones, fue recordado prácticamente como un héroe de la nación.

Pero en 1998 un barco pesquero de arrastre llamado L’Horizon, a cargo del Capitán Jean Claude Bianco, extrajo cerca de las costas de Marsella un trozo de sedimento de color negruzco que casi fue devuelto al océano hasta que uno de sus tripulantes detectó un leve destello metálico.

La esclava hallada por L’Horizon

El hallazgo de Saint-Exupéry                                     

Intrigado, el pescador golpeó el sedimento hasta desprender la costa que cubría lo que resultó ser una esclava metálica con una inscripción en mayúsculas: ANTOINE DE SAINT-EXUPÉRY (CONSUELO).

Jean Claude rápidamente se dio cuenta de lo que sucedía. Su barco acababa de desenterrar un misterio de más de medio siglo y brindaba las primeras pistas del paradero final del famoso escritor francés.

El pescador llevó la esclava a una empresa de buceo profundo llamada Comex. Henri Germain Delauze, presidente de la compañía, pronto comenzó deleitarse con lo que pensó sería el fácil hallazgo del avión de Saint-Exupéry.

Sin embargo, tras dos semanas de búsqueda en un área de más de 100 kilómetros no habían encontrado nada. La búsqueda sería más difícil de lo que creían.

Fue entonces cuando apareció un buzo llamado Luc Vanrell, quien al enterarse de la historia recordó un curioso depósito de chatarra que había visto y fotografiado en 1982… y que se encontraba en las cercanías del hallazgo realizado por Jean Claude.

El buzo volví al lugar y comenzó a tomar fotografías. Fue un trabajo arduo, pues el avión parecía haber estallado al caer al océano y por lo tanto los fragmentos estaban muy dispersos. Dos años después, en mayo del 2000, entregó un informe al Ministerio de Cultura Francés.

oddsalon.comResultó que todas las piezas encontradas correspondían a un avión P-38 F-5B de la serie J, el mismo de Saint-Exupéry. Sólo 4 de estos aviones habían sido derribados durante la guerra… y tres de ellos ya habían sido encontrados. Eso significa que este avión tenía que ser el de Antoine de Saint-Exupéry.

Si bien es imposible saber a qué se debió el choque del piloto, el hecho de que algunas piezas de acero estén arrugadas como un acordeón parece indicar que cuando el avión chocó iba a toda velocidad y en un ángulo casi perpendicular. Saint-Exupéry sabía muy bien lo que estaba haciendo.

Fuentes:

  1. Selecciones del Reader’s Digest. Marzo de 2005

Imágenes: 1: oddsalon.com, 2: thepetitprince.wordpress.com, 3: forums.ubi.com

Reencontrándose con el Principito: el último vuelo de Antoine de Saint-Exupéry

Bibliografía ►



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