Matthew Hopkins, el falso cazador de brujas

Acusaciones de brujería

Hemos hablado en este portal las historias de diferentes mujeres que fueron acusadas de brujería: muchas de ellas dedicaban gran parte de su tiempo a la herbolaría o estudio de las estrellas, actividades que inherentemente parecían ligadas a las artes oscuras. Y así como surgían historias de hechiceras y pactos con el diablo, a la par aparecían hombres que se hacían llamar cazadores de brujas.


Uno de ellos fue el inglés Matthew Hopkins, cuya actividad como cazador de brujas fue entre 1644 y 1646 se estima que llevó a la muerte a más de 200 mujeres. Sin pena, se adjudicó el cargo de General Cazador de Brujas otorgado por el parlamento puritano, realizando esta actividad en el condado de Suffolk, Essex.

Sus orígenes están ligados con la religión, pues su padre fue clérigo, así que se podrá suponer que su educación fue bastante estricta y se desempeñó como abogado, hasta que un día escuchó hablar (supuestamente) a un grupo de mujeres sobre sus encuentros con el diablo (marzo de 1644) cerca de una aldea de Colchester. Sin pensarlo dos veces acusó al grupo de féminas y 19 mujeres fueron ejecutadas y 4 perdieron la vida en prisión.

Para la gente a su alrededor, Hopkins realizaba un oficio inspirado por su creencia en la rectitud de las acciones, pero era más que sabido que un cazador de brujas ganaba muy buen dinero en sus trabajos, mucho mejor a lo que podría aspirar un abogado de la época. Fue así como decidió recorrer todo Inglaterra pretendiendo ser un enviado especial del Parlamento para procesar brujas y, dado que la tortura no era legal, ideó métodos para lograr la confesión de sus prisioneras.

Métodos de tortura para atrapar ‘brujas’

Una de ellas era la privación del sueño, que puede sonar inofensiva, pero se reconoce como una de las formas de tortura más crueles: se obliga a la persona a permanecer de pie o sentada, se le hostiga con ruidos y con luz y en menos de siete días tanto física como mentalmente se encuentra desgastada. Otra de las pruebas, que “brillaba por su lógica” era en atar a la acusada y arrojarla a un lago, si se hundía era inocente y sí flotaba era culpable.

La prueba de la aguja, la cual sufriría algunas modificaciones con el paso del tiempo, consistía en pinchar con cuchillos o agujas especiales la piel de la condenada con el objetivo de encontrar la famosa marca del diablo, se decía que las verdaderas brujas no sentían dolor o sangraban.

El misterio sobre sus últimos años

Finalmente, la ambición y la codicia prevalecieron más que sus supuestos actos de rectitud contra las ‘malvadas brujas’, pues a cualquier comunidad en la que se presentaba a prestar sus servicios le cobraba grandes cantidades de dinero, además de otros negocios como la venta de unos «infalibles» amuletos contra el mal de ojo. La mayoría de los pobladores se aburrieron de su codicia y de sus actos crueles, y es acá donde la historia de su fin se divide en dos:

Con la llegada de la primavera en 1647, llegó la enfermedad a la vida de Hopkins quien terminó falleciendo de tuberculosis. La segunda versión, un poco más oscura, narra cómo la gente cansada de sus métodos lo terminaron acusando de brujería y sometieron a uno de métodos, la prueba del agua, aunque nadie sabe con seguridad si Hopkins flotó.

Fuentes:

  1. https://www.ocesaronada.net/matthew-hopkins-cazador-de-brujas/

Imágenes: 1: pinterest.com, 2: earlofmanchesters.co.uk

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Matthew Hopkins, el falso cazador de brujas

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