La Boda de la Reina Victoria

Un día muy especial para Victoria

Mencionamos hace pocos días, en Ensayo sobre el Vestido de Novia, que la causa de que se popularizara el vestido blanco fue precisamente por la Boda de la Reina Victoria, quien sin quererlo se convirtió en una gran influenciadora en el día más importantes de cientos de parejas, el día de la boda. En efecto, gracias a ella se establecieron ciertos rituales que siguen haciéndose uso como el hecho de que nadie más puede vestir de blanco a excepción de la novia y en algunas ocasiones, las damas de honor.

Poco más de 180 años desde su enlace matrimonial con el príncipe Alberto de Sajonia-Coburgo-Gotha, la boda real dejó una huella que sigue imborrable hasta el día de hoy. Es por eso que vamos a conocer qué pasó ese día, cómo ella vivió ese suceso tan especial con el hombre a quien amó tan devotamente.

El blanco no era por virginidad, era por lujo

Había que destacar los bellos detalles del encaje que adornaban el vestido. Victoria sabía que ella era el centro de atención ese día, por eso escogió el color blanco en su traje para que todos pudieron observar con atención lo que ella usaba, pues el vestido estaba hecho con materiales del centro histórico de la industria de la seda londinense: el encaje tejido a mano de Honito fue utilizado para impulsar la industria de la puntilla, el patrón utilizado fue destruido para que no se hicieran más copias.

Los vestidos de novia de color blanco usaba este color debido a que representaba el estatus de la futura esposa. No todas las familias podían permitirse el lavado de un vestido sin que se dañara, así que cuando una mujer lo usaba estaba diciéndole a los presentes: “Tengo poder y lujo.”

Con lo anterior dicho, podrán suponer que el vestido de novia se convirtió en algo muy valioso para ella (Victoria), pues lo reutilizó en más de una ocasión para momentos especiales como bautizos y la boda de su hijo Leopoldo. Inclusive fue enterrada con su traje, sin mayores adornos u ostentaciones, algo muy sencillo fuera de lo común para la realeza.

La diseñadora de la indumentaria, estuvo a cargo de William Dyce, el director de lo se conocería actualmente como Royal College of Art y la seda con el que fue elaborado el vestido fue gracias a una mujer llamada Mary Bettans.

Una boda y recepción con leves toques reales

Irónicamente, uno podría suponer que al ser una boda de real sería muy elegante y gritaría lujo desde cualquier lado, pero en realidad no fue así: la Reina quería una boda sencilla sin demasiadas extravagancias. Sin embargo, lord Melbourne, mentor y figura paterna de la reina (Victoria perdió a su padre siendo una niña y no tenía buenas relaciones con su madre), le aconsejó que diera un toque más pomposo a su día especial a lo que Victoria solo pudo responder: “¿Por qué todo es siempre tan incómodo para los reyes y las reinas?”.

La Reina tampoco se quedó mucho tiempo en su recepción, la abandonó rápidamente en un viejo coche de caballos que fue calificado por uno de los invitados como “lamentable y pobretona”.

Un estilo sencillo pero muy digno de una monarca

En vez de la clásica corona que usaba la realeza, Victoria optó por una bella guirnalda de flores de azahar y mirto (se cree que estás flores auguran un matrimonio con una prolífera descendencia, algo que en el caso de la pareja se cumplió, pues tuvieron nueve hijos) A su vez, usó unos diamantes turcos y un broche de zafiro, todo regalo de Alberto.

Su calzado fueron unas sencillas slippers planas de color blanco y su peinado era un recogido en dos moños bajos, uno a cada lado con una raya al medio.

Una noche de bodas narrada por la Reina

La boda entre Alberto y Victoria nos dejó momentos memorables, algunos gracias al puño y letra de la monarca, quien elaboró una pequeña crónica de lo sucedido. Lamentablemente la luna de miel de la Reina solo duró 2 días (el tiempo fue estipulado por la misma Victoria, quien se negaba apartarse de sus tareas como gobernante) y como podrán suponer el día del enlace fue bastante estresante para ella, así que esa noche le sobrellevó un terrible dolor de cabeza, pero el amor de su esposo la hizo sentir mucho mejor:

“¡NUNCA, NUNCA he pasado una noche así! ¡MI QUERIDÍSIMO Alberto se sentó en un taburete a mi lado y su amor excesivo y su afecto me causaron sentimientos de amor y felicidad celestiales que jamás habría pensado que pudiese sentir!”

Victoria destaca que fue el mejor día de su vida y que esperaba ser digna de tener a un hombre tan especial a su lado y cumplir con sus deberes.

Un pastel que sobrevivió al paso del tiempo

La torta de los novios era realmente colosal, pesaba casi 150 kilos y medía unos tres metros de diámetro. Estaba decorada con mucho detalle, representando a los novios al estilo griego y para complementar tenía adornos algunos azahares y mirtos. Era tan grande la torta, que pudo sobrevivir todos estos y años y fue subastado un pedazo en 2016 por unos 1700 euros.

Fuentes:

  1. https://www.revistavanityfair.es/realeza/bodas-reales/articulos/bodas-royal-reina-victoria
  2. https://www.radiotimes.com/news/2020-08-23/the-real-royal-wedding-what-were-victoria-and-alberts-nuptials-actually-like/

Imágenes: 1: revistavanityfair.es, 2: lacasavictoriana.com, 3: basilisa.es

La Boda de la Reina Victoria

Bibliografía ►



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