La historia y evolución de las pelucas. Parte I

Nacimiento en el Antiguo Egipto

Tanto para hombres como para mujeres, con fines estéticos y hasta religiosos; las pelucas han sido un implemento que ha acompañado a la humanidad desde los albores del antiguo Egipto hasta llegar a nuestros días. Su historia está llena de momentos anecdóticos: desde impuestos y revoluciones, hasta el auge de los peluqueros y la extinción del negocio de la sombrerería.


Desde los egipcios, las mujeres y los hombres solían llevar el cabello corto o afeitado debido a sus creencias religiosas. Creían que al depilarse en su totalidad mantenían cierta pureza, además, lo hacían por salud: así evitaban las molestias capilares que se podían generar por el calor del desierto o la aparición de algunas plagas como los piojos.

Desde un inicio las pelucas se convirtieron en un artículo de lujo, pues estas eran especialmente confeccionadas para las altas esferas del Antiguo Egipto.

Elaboraban sus pelucas a partir de una malla hecha de cabello trenzado a la que le aplicaban una mezcla de cera de abejas y resina para hacerla más resistente, por cierto, a menudo el cabello para las pelucas provenía del propio cliente que había pedido la peluca.

Algunas veces las pelucas solían ser elaboradas con cabello de esclavos y la mayoría de faraones usaba su mejor peluca al dar su paso al más allá.

Se tiene registro del uso de la peluca en otras civilizaciones con el objetivo de hacer lucir mejor sus peinados. En Grecia, Roma, China y la Antigua Corea, las mujeres usaban pelucas que llegaban a pesar de 3 a 4 kilos. Una novia, en el reino de Joseon, China, lastimó su cuello al marchar al altar.

Debido al peso de las pelucas y su gran costo, algunas familias tardaban varios años en poder conseguir el dinero para comprar alguna. Las pelucas solían ser decoradas con objetos de seda, oro y joyas de plata o coral. Las exageradas y costosas ornamentaciones provocaron que el emperador chino decretara un mandato que prohibía el uso de las pelucas por ir en contra de los valores confucianos de reserva y moderación.

Los hombres: principales usuarios durante mucho tiempo

A principios del siglo XVII, uno de los cánones de belleza masculina estipulaba que el cabello largo era símbolo de la autoridad y virilidad en los hombres. La peluca era la solución perfecta para lucir un cabello saludable cuando la calvicie hacía su aparición. Ser calvo era equivalente a debilidad física, enfermedad (sífilis) y falta de higiene. 

Entre la realeza de aquellos tiempos, la peluca se hizo realmente popular. Luis XIII de Francia fue uno de los pioneros en esta moda. Se cuenta que a la edad de 23 años empezó a perder el cabello y por temor a que esto dañara su imagen pública, decidió usar pelucas a diario.

Su hijo Luis XIV usó peluca en su adultez. Al igual que su padre, perdió el cabello muy joven. Padre e hijo usaban pelucas elaboradas con cabello natural. A este tipo de accesorio se le conoció como In Folio: una peluca estilo cascada, para la cual se requería el cabello de 10 cabezas.

Se estipuló jamás quitarse la peluca delante de una dama. Luis XIV usaba un gorro mientras dormía y guardaba el resto de sus accesorios dentro de un cuarto especial llamado el Gabinete de las pelucas; a su servicio el monarca contaba con 40 fabricantes de pelucas y presume que durante toda su vida llegó a tener unas 1000.

El rey era muy quisquilloso sobre quien lo podía ver sin su peluca. Un ‘honor’ solo permitido a su peluquero y para evitar a los curiosos, Luis XIV mandó a construir un sistema de cortinas. La moda de las pelucas se extendió más allá del monarca y los nobles quienes convirtieron su uso en parte del protocolo en la vida de Versalles. Los diferentes grupos sociales como clérigos, financieros, comerciantes y artesanos de prestigio, podían usarlas.

La moda de las pelucas en Inglaterra

La reina Isabel I de Inglaterra solía usar una peluca roja apretada y contaba con 80 pelucas rizadas, todas usadas para sobresalir y dejar marcado su lugar como monarca del Imperio Británico.

Para 1795, el gobierno británico impondría un impuesto a las pelucas, con el fin de financiar las guerras contra Francia. Las personas que quisieran usarlas debían comprar un certificado con valor de una guinea por año. Más o menos 122 dólares actuales. Se expuso una lista con los nombres de las personas que pagaban el certificado y las personas que no lo hubieran hecho y violaran la ley, fueron multadas.

Como toda ley, habria excepciones: la familia real y sus sirvientes, algunos clérigos, miembros de la fuerza armada y casos especiales, por ejemplo: si un padre que tuviera dos hijas solteras tendría que pagaría por dos certificados que serían válidos para más personas de la casa, pero se debía especificar cuántas personas los usaría.

Otra situación que se daba era que el dueño de casa podría comprar un certificado para varios de sus sirvientes y éste mismo también era válido para los nuevos empleados que se contratarán durante ese año.

Una profesión del alto prestigio

La peluca se convirtió en una prenda de uso obligatorio para los hombres de buen rango social. Fue así como la demanda de profesionales que se encargaban de su mantenimiento era alta. El área de la peluquería ganó mucho reconocimiento. Barberos de la época dieron el salto a ser peluqueros. Por ejemplo, en 1659 en París se creó el primer gremio de peluqueros, la idea fue replicada en otros países de Europa y para ser parte del grupo debían superar un examen y pagar impuestos especiales, una inversión que valía la pena.

Un peluquero recibía un muy buen salario, pues a un solo cliente que atendiera le podía solicitar diferentes pelucas y también pedirle que se encargara del mantenimiento y cuidado de éstas, algo que sucedía diariamente. Con esta necesidad, nacieron los primeros salones de peluquería, en los que se dedicaban a fabricar las pelucas tejiéndolas las puntas de la raíz del cabello a un tramo conformado por tres hilos de seda que posteriormente formaban una especie de flequillo.

El arte de la peluquería se fue perfeccionando con el tiempo, tomando en cuenta las pelucas masculinas del siglo XVII que solían medir 70 centímetros de largo, así que se necesitaba mucho material y eso hacía que las pelucas aparte de ser pesadas, fueran realmente caras. La mejor forma de producirlas y que quedaran de gran calidad, era a partir de cabello humano natural, los franceses solían comprar cabello de toda Europa, pero especial de la región de Normandía, en especial de las jóvenes campesinas.

Sin embargo, se podían encontrar pelucas más económicas y de menor calidad hechas con pelo de crín de caballo, de cabra, de yak o de oveja; por otro lado, las mujeres solían llevar peinados en los que recogían parte de su cabello y dejaban caer el resto en forma de rizos estilo totalmente opuesto a los grandes peinados que usarían en el siglo siguiente.

Como detalle final, debemos comentar que los sombrereros vieron su gremio en peligro ya que todo el mundo usaba peluca, no existía un sombrero que se adaptara a las dimensiones de aquellos peinados, fue así como más de uno tuvo que reinventarse sacando nuevos estilos al mercado.

Fuentes:

  1. www.xlsemanal.com/conocer/historia/20171028/la-fascinante-historia-de-las-pelucas-postizos.html
  2. www.allthingshair.com/es-ar/peinados-y-cortes-de-pelo/tendencias/en-la-clase-de-historia-de-hoy-las-pelucas
  3. jopipel.es/blog/la-historia-de-las-pelucas
  4. innovacioncapilar.es/historia-de-las-pelucas

Imágenes: 1. xlsemanal.com 2. lamaisondelcabello.es

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La historia y evolución de las pelucas. Parte I

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